Mientras millones de venezolanos sobreviven entre apagones, salarios de miseria y hospitales destruidos, Jorge Rodríguez apareció sonriente promocionando el llamado “Café Santa Cruz”, una marca prácticamente desconocida que de la noche a la mañana ya recibe impulso en transmisiones oficiales del régimen.
Lo que más llama la atención no es solamente la publicidad descarada desde plataformas controladas por el poder, sino el extraño nacimiento de esta empresa. Sus redes sociales apenas muestran actividad desde el 2 de diciembre de 2024, y aun así ya cuenta con una vitrina privilegiada dentro del aparato propagandístico chavista. En cualquier país serio esto despertaría preguntas. En Venezuela, bajo el modelo impuesto por el chavismo y ahora sostenido por el interinato de Delcy Rodríguez, las coincidencias dejaron de existir hace mucho tiempo.
Cada vez que un nuevo “emprendimiento” aparece abrazado por figuras del poder, los venezolanos recuerdan cómo surgieron fortunas oscuras al calor de la corrupción, las importaciones privilegiadas y los negocios manejados desde las sombras del Estado. Porque mientras el ciudadano común no consigue financiamiento, combustible ni estabilidad para abrir un pequeño negocio, ciertos proyectos ligados al entorno oficial parecen avanzar a velocidad relámpago.
Jorge Rodríguez, uno de los hombres más poderosos del régimen chavista, no es precisamente una figura neutral dentro de la estructura de poder venezolana. Diversos reportes y análisis internacionales lo señalan como parte del núcleo duro que sostiene al chavismo junto a Delcy Rodríguez y Nicolás Maduro.
Y allí es donde nace la gran pregunta que hoy muchos venezolanos se hacen en voz baja por miedo, pero que retumba con fuerza en las calles y redes sociales
¿De quién es realmente Café Santa Cruz?
Porque en la Venezuela destruida por más de dos décadas de chavismo, el patrón siempre parece repetirse. Empresas desconocidas aparecen de repente con apoyo institucional, acceso privilegiado y promoción oficial, mientras el país productivo fue pulverizado. El mismo país que alguna vez exportó café de calidad al mundo hoy apenas puede sostener su producción agrícola, golpeada por la crisis económica y el abandono estatal.
Resulta imposible no reflexionar sobre cómo Venezuela pasó de ser una nación llena de oportunidades a un territorio donde el poder político parece decidir quién prospera y quién desaparece. El chavismo no solo destruyó la economía; también sembró desconfianza absoluta en cada movimiento del poder. Por eso, cuando un jerarca del régimen promociona una marca recién nacida, la sospecha no tarda en crecer.
Porque en la Venezuela actual, donde millones huyeron buscando sobrevivir, donde el salario no alcanza ni para un kilo de queso y donde los jóvenes sienten que el futuro fue secuestrado, ver a la cúpula política impulsando negocios “milagrosos” genera más indignación que esperanza.
Y quizás lo más doloroso es que ya casi nadie se sorprende.
