Venezuela no solo está poniendo su petróleo sobre la mesa. Ahora el oro, el hierro, el níquel, la bauxita y otros minerales estratégicos aparecen en el radar de Estados Unidos, en un nuevo capítulo que deja al descubierto la magnitud de la riqueza natural que durante años ha estado atrapada entre corrupción, abandono, minería ilegal y una gestión estatal marcada por el desastre.
Por: bitacora58.com
Según una investigación publicada este martes por Reuters, la administración de Donald Trump está buscando mayor acceso a los recursos minerales venezolanos, incluido el oro, y analiza mecanismos para incrementar la participación estadounidense en el sector minero. Tres fuentes familiarizadas con las conversaciones confirmaron el movimiento a la agencia.
El asunto va mucho más allá de una simple inversión extranjera. Washington estaría buscando asegurar suministros de minerales considerados estratégicos para su seguridad nacional y, al mismo tiempo, ampliar su influencia sobre los recursos naturales de Venezuela después de haber puesto el petróleo venezolano en el centro de su nueva estrategia hacia Caracas.
Reuters señala que funcionarios estadounidenses ya se han reunido con empresas para conocer su interés en invertir o participar en la minería venezolana. También se ha considerado una posible orden ejecutiva enfocada en minerales críticos, aunque la Casa Blanca aclaró que actualmente no considera necesaria esa medida y que las leyes vigentes ofrecen un marco suficiente para las inversiones.
Mientras tanto, el régimen venezolano enfrenta una realidad incómoda. Un país sentado sobre enormes riquezas naturales terminó con infraestructura deteriorada, datos geológicos desactualizados y extensas zonas mineras afectadas por actividades ilegales.
El Arco Minero del Orinoco es precisamente uno de los ejemplos más dramáticos. Reuters señala que grupos ilegales controlan depósitos de oro en esa gigantesca región cercana a las fronteras con Guyana y Brasil. La riqueza existe, pero buena parte de su potencial sigue siendo difícil de determinar debido a la falta de estudios modernos y a la precariedad de la infraestructura.
Y mientras Venezuela intenta atraer capital extranjero para reactivar su minería, las cifras oficiales muestran el tamaño de la riqueza que está en juego. Un informe gubernamental de 2018 estimó recursos de 644 toneladas métricas de oro, 14.680 millones de toneladas de mineral de hierro, 321,5 millones de toneladas de bauxita y 407.885 toneladas de níquel.
El problema es que el propio informe mezcló los conceptos de reservas y recursos, haciendo difícil establecer cuánto de esa riqueza puede ser explotado económicamente. Un mapa gubernamental de 2021, basado en información recopilada en 2009, también identificó posibles depósitos de cobre, níquel, coltán, uranio y tungsteno.
La escena resulta especialmente paradójica. Venezuela posee una riqueza mineral gigantesca mientras millones de ciudadanos han vivido durante años las consecuencias de una economía destruida, servicios públicos deteriorados y salarios pulverizados.
Ahora, con Washington intentando profundizar su presencia económica, el régimen de Delcy Rodríguez enfrenta un escenario en el que los recursos venezolanos adquieren nuevamente un enorme valor estratégico internacional.
La administración Trump ya había avanzado sobre el sector minero. En marzo, la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro autorizó determinadas operaciones relacionadas con oro venezolano, incluidas actividades vinculadas con Minerven. Posteriormente amplió esas autorizaciones a otros minerales de origen venezolano y permitió determinados servicios mineros y negociaciones de posibles contratos de inversión.
El petróleo fue apenas el comienzo.
Reuters también informó que Trump anunció la semana pasada un acuerdo mediante el cual Estados Unidos asumiría el control mayoritario sobre más de 65.000 millones de barriles de reservas petroleras probadas de Venezuela, aunque la estructura legal exacta todavía no ha sido revelada.
Ahora aparecen el oro y los minerales.
La pregunta que queda sobre la mesa es qué recibirá realmente Venezuela de toda esta nueva carrera por sus riquezas. Porque mientras las grandes potencias y empresas internacionales vuelven a mirar hacia el subsuelo venezolano, el país sigue cargando con las consecuencias de años de políticas económicas, corrupción, falta de transparencia, minería ilegal y destrucción institucional.
Reuters recogió además los temores existentes dentro de Venezuela de que el país pueda terminar convertido en una especie de colonia moderna. Esa preocupación adquiere mayor relevancia a medida que Washington busca ampliar su influencia sobre sectores estratégicos de la economía venezolana.
La riqueza está debajo de la tierra.
El petróleo está en los campos.
El oro está en las montañas.
Los minerales estratégicos están repartidos por el territorio.
Lo que todavía no está claro es cuánto de esa riqueza terminará realmente transformándose en bienestar para los venezolanos y cuánto quedará atrapado en nuevos acuerdos de poder, inversión y control sobre los recursos del país.
Después de años de saqueo y destrucción, Venezuela vuelve a ser perseguida por su propia riqueza.
Con información de Reuters
