La relación entre Washington y Delcy Rodríguez da un nuevo paso que difícilmente puede pasar desapercibido. Mientras Venezuela continúa esperando definiciones políticas sobre el futuro de su transición, la administración de Donald Trump profundiza sus contactos con quien encabeza el gobierno chavista interino y para sacar más beneficios del petróleo, minería e inversiones.
Por bitacora58.com
Reuters informó que la delegación venezolana liderada por Rodríguez tiene previsto abordar estos asuntos durante la Asamblea General de las Naciones Unidas y mantener conversaciones con representantes estadounidenses. La agencia también reportó que Trump tiene previsto reunirse personalmente con Rodríguez durante su visita a Nueva York, reunión que nole agrada a los venezolanos.
El mensaje político que transmite esta agenda es significativo. La figura de Rodríguez ya no aparece únicamente como una autoridad transitoria con la que Washington mantiene contactos puntuales. Su administración está participando en negociaciones económicas de alto nivel y aparece como interlocutora frente a gobiernos y grandes compañías internacionales, cosa que desaprueban los venezolanos.
Y mientras la política sigue pendiente, los negocios avanzan.
El 19 de septiembre, Rodríguez firmó un memorando de entendimiento con la petrolera francesa TotalEnergies. Este 21 de septiembre, Halliburton anunció nuevos memorandos con la brasileña Eneva y WESCA para explorar oportunidades de petróleo y gas en Venezuela. Reuters describe estos movimientos como parte del creciente interés internacional por reactivar una industria golpeada durante años por la falta de inversión y el deterioro de su infraestructura, pero aun no se traduce en empleos para los venezolanos.
La paradoja venezolana queda expuesta con fuerza. El país que durante años estuvo sometido al control político y económico del chavismo vuelve a abrir sus principales sectores estratégicos al capital internacional, pero lo hace bajo una estructura política cuya condición de interina originalmente debía ser temporal.
El debate, por tanto, ya no gira únicamente alrededor de quién ocupa Miraflores. También gira alrededor de cuánto puede durar una transición que todavía no tiene una fecha electoral definida mientras la nueva administración acumula reconocimiento práctico mediante acuerdos, reuniones internacionales y negociaciones económicas.
Desde Washington, la estrategia parece estar priorizando la estabilización económica, la recuperación petrolera y la apertura de sectores estratégicos, pero que la sienten los venezolanos de a pie. Reuters ya había informado en abril que la administración Trump respaldaba medidas impulsadas por Rodríguez para atraer inversión extranjera y estabilizar la economía venezolana.
Eso coloca al chavismo frente a una nueva realidad. Aunque Nicolás Maduro ya no encabeza el poder venezolano, parte de las estructuras políticas y económicas heredadas de su período continúan siendo protagonistas de la transición.
Incluso la minería está entrando en esta nueva etapa. En abril, la Asamblea Nacional controlada por el oficialismo aprobó una legislación destinada a facilitar la participación de empresas privadas y extranjeras en la explotación de oro y otros minerales, mientras funcionarios estadounidenses respaldaban la apertura del sector.
Para quienes esperaban que la salida del chavismo desembocara rápidamente en una transición política con instituciones renovadas y un calendario electoral claro, nos hemos encontrado con una triste y cruel realidad.
Porque mientras Washington y Caracas hablan de petróleo, minería, deuda e inversiones, millones de venezolanos siguen esperando que la transición económica venga acompañada de una definición política.
El riesgo que muchos sectores opositores señalan es que la lógica de la estabilidad y los intereses energéticos termine adquiriendo mayor velocidad que la construcción de una salida democrática.
Por ahora, los hechos muestran que Delcy Rodríguez se ha convertido en una interlocutora central para Washington y para empresas internacionales interesadas en Venezuela. La reunión prevista con Trump en Nueva York sería otro paso en ese proceso.
Por eso nos preguntamos ¿es cuánto tiempo puede prolongarse una administración presentada como transitoria mientras el mundo económico comienza a tratarla como un interlocutor permanente?
El petróleo puede esperar un poco. Los inversionistas también. Pero la democracia venezolana lleva años esperando.
