Allí duré los últimos 9 meses de mi secuestro, viendo a compañeros debatirse entre dos opciones: curarse por sí mismos o morirse esperando atención médica.
No es solo aguantar el dolor físico; es enfrentar una carrera de obstáculos donde el tiempo es el peor enemigo. Aquí te detallo el «protocolo» de la sobrevivencia:
• La actuación por la vida: Para que un custodio te anote en la lista de enfermería, no basta con sentir dolor. El preso debe «hacerse el muerto», tirarse al piso y convencer al guardia de que su afección es real. Si no le pareces lo suficientemente grave, simplemente no te anota.
• El diagnóstico a ciegas: Si logras bajar a enfermería tras 2 o 3 días de espera y sufrimiento, te recibe un médico general o integral sin herramientas. No hay para hacerte un eco, no hay exámenes de sangre, no hay laboratorios ni rayos X. El diagnóstico es una apuesta basada solo en lo que logras decir mientras aguantas el dolor.
• La receta de lo inexistente: Te dan un recipe para un medicamento que NO hay. Tu única opción es esperar a la visita (que es cada 15 días) para avisar a tu familia, la cual los traerá 15 días después. Un mes perdido en trámites.
• La lotería: Cuando al fin llega el fármaco, tú no tienes acceso a él. Va a un casillero en enfermería. Allí comienza otra tortura: rezar para que no se lo den a otro por error, o para que no lo usen en una «emergencia» ajena o para que, simplemente, no «desaparezca».
• La cura tardía: Si después de un mes y medio el medicamento sigue allí y te llaman para empezar el tratamiento, lo más probable es que ocurra una de dos cosas: o tu cuerpo ya se curó solo, o ya es demasiado tarde.
En el Sesmas Tocuyito, el derecho a la salud es una lista de espera que dura más que la misma enfermedad. No es atención médica; es una simulación burocrática donde el antibiótico llega cuando ya no hay nada que salvar.
¡La salud en las cárceles no puede seguir siendo una sentencia de muerte anticipada!
POR: NELSON PIÑERO

Libre por la verdad. Activista de DDHH en mi bella
