Lágrimas por los verdugos
Mientras los políticamente zurdos, en el mundo derraman lágrimas por la eventual caída del régimen de Ali Khamenei en Irán, otros recuerdan las escenas que durante años estremecieron la conciencia global.
El 2 de agosto de 2007, las calles de Teherán fueron testigos de una de las ejecuciones públicas más controvertidas de la historia moderna de Irán. Dos hombres —Majid Kavousifar y su sobrino Hossein Kavousifar— fueron ahorcados ante una gran multitud por el asesinato del juez Masoud Moghaddasi, una figura destacada del Tribunal Revolucionario Islámico de Irán. El caso llamó la atención no sólo por el crimen en sí, sino por lo que dijo Majid y cómo afrontó sus momentos finales — con desafío, calma y una sonrisa.
El día de su ejecución, los testigos recordaron que Majid parecía tranquilo y sereno. Mientras muchos tiemblan en sus momentos finales, él permaneció erguido, con los ojos firmes y el comportamiento intacto. Cuando se le preguntó si tenía unas últimas palabras, pronunció una declaración que resonaría en las redes sociales y en los círculos de derechos humanos en los próximos años.
“Mi nombre es Majid Kavousifar, soy iraní.
No esperé a que alguien en este mundo me diera mi derecho.
Llegué al punto en que decidí erradicar cualquier injusticia.
Sonrío porque sé que una pequeña sonrisa en ese momento será un gran mensaje de esperanza para todo ser humano oprimido sobre la faz de la tierra.”
Quienes lo presenciaron dijeron que sus últimas palabras silenciaron a la multitud. Para algunos, era un criminal. Para otros, se convirtió en un símbolo de resistencia — un hombre que creía que valía la pena morir por oponerse a la opresión.
Historias como esa no fueron aisladas. Bajo el sistema de la República Islámica de Irán, numerosos testimonios han denunciado ejecuciones públicas, represión brutal y castigos ejemplarizantes destinados a sembrar miedo. Mujeres castigadas por no cumplir estrictamente con normas religiosas, jóvenes detenidos por protestar y familias enteras marcadas por la violencia estatal.
El caso de Mahsa Amini —cuya muerte en 2022 desató una ola de protestas— se convirtió en símbolo mundial del trato hacia las mujeres en el país. Su historia reveló un sistema donde el control sobre el cuerpo y la vida de las mujeres puede convertirse en cuestión de Estado.
Para muchos críticos del régimen, un sistema que somete a su población con ejecuciones públicas, represión política y persecución social termina enfrentando inevitablemente el peso de su propia historia. Porque, dicen, ningún modelo que humilla a mujeres, reprime a jóvenes y gobierna desde el miedo logra sostenerse para siempre.
En medio de la discusión global, una pregunta sigue resonando: ¿puede alguien realmente lamentar la caída de un poder construido sobre el miedo y el sufrimiento de su propio pueblo?
NO OCURRIÓN EN FEBRERO DE 2026
Aunque en redes sociales se ha dicho que ocurrió este febrero de 2026, la verdad es que esta ejecución fue en el año, 2022, y no fue delante de su hija, pues no hay registro que respalde esta información.
