Hoy desde Bitácora58 hacemos un reconocimiento que duele en el alma y golpea la conciencia de un país destruido por el chavismo desde la llegada de Hugo Chávez hasta el interinato de Delcy Rodríguez. Un reconocimiento a las madres venezolanas que no recibieron flores ni abrazos, sino ataúdes, silencio y persecución.
Son madres marcadas para siempre por un régimen que convirtió la protesta en delito y la juventud en objetivo. Madres que vieron cómo sus hijos salieron a las calles soñando con libertad y terminaron asesinados, desaparecidos o convertidos en otra cifra incómoda que el poder intenta borrar.
Allí está el recuerdo imborrable de Neomar Lander, aquel muchacho de apenas 17 años que cayó en medio de la represión mientras el país se desmoronaba frente a los ojos del mundo. Su madre no solo tuvo que enfrentar la muerte de su hijo, también soportó la maquinaria propagandística de un sistema empeñado en destruir hasta la dignidad de las víctimas.
También vive en la memoria el nombre de Juan Pablo Pernalete, asesinado durante las protestas de 2017, otro joven arrancado de los brazos de su madre por la brutalidad de un aparato represivo que jamás mostró arrepentimiento.
En este Día de las Madres resulta imposible no pensar en el dolor de aquella madre que vio cómo el chavismo convirtió la vida de Óscar Pérez en una sentencia de muerte transmitida ante el país entero. Venezuela observó con impotencia cómo un hombre que pedía rendirse terminó ejecutado por un régimen que durante años cambió la justicia por la persecución y el diálogo por las balas. Detrás de aquella operación no solo cayó un venezolano, también murió una parte de la esperanza de miles de madres que entendieron que en el país gobernado por el chavismo ningún hijo estaba realmente a salvo si pensaba distinto.
Y hoy se suma el doloroso caso de Víctor Quero Navas, la herida más abierta en una Venezuela donde la vida parece no valer nada cuando se enfrenta al poder. Porque en cada madre que llora a su hijo asesinado se refleja la tragedia de toda una nación sometida durante más de dos décadas.
Sin olvidar tampoco a todos los desaparecidos del régimen, entre ellos el caso del buzo desaparecido Hugo Marino quien desapareció el 20 de abril de 2019, historias que el chavismo intenta sepultar bajo el miedo, la censura y la indiferencia oficial. Familias enteras condenadas a vivir sin respuestas mientras los responsables siguen aferrados al poder.
La peor destrucción que dejó el chavismo no es solo económica ni política. Es moral. Es humana. Es el vacío que dejaron miles de jóvenes que jamás regresaron a casa. Es la mesa incompleta de una madre venezolana que todavía espera escuchar una puerta abrirse.
Hoy desde Bitácora58.com, no hablamos de cifras. Hablamos de madres rotas por un sistema que convirtió el dolor en costumbre. Y mientras el régimen siga intentando imponer el olvido, será deber de quienes aún tienen voz seguir recordando sus nombres. Porque un país que olvida a sus muertos termina condenado a repetir su tragedia.
El llanto de una madre que pierde a su hijo jamás debería ser utilizado como mensaje de terror político, pero eso fue precisamente lo que ocurrió en una Venezuela destruida moral y humanamente por quienes convirtieron el poder en un instrumento de miedo.
Por Bitacora58.com
