Venezuela volvió a mirarse en el espejo más cruel de todos y el reflejo es devastador. La Encuesta Nacional de Condiciones de Vida Encovi 2025 presentada este jueves en la Universidad Católica Andrés Bello confirmó lo que millones de familias viven todos los días entre apagones, tuberías secas y estómagos vacíos. Apenas 44 % de los estudiantes venezolanos asiste regularmente a clases. El resto sobrevive atrapado en una nación destruida por más de dos décadas de chavismo y administrada hoy bajo el interinato de facto de Delcy Rodríguez, símbolo de un poder que convirtió la educación en un lujo y no en un derecho.
La profesora Anitza Freites explicó que la mayoría de los alumnos que dejan de asistir a las aulas no lo hacen por flojera ni rebeldía. Lo hacen porque en Venezuela falta agua, falla la electricidad, no hay transporte y en demasiadas casas tampoco hay comida. Una radiografía brutal de un país donde estudiar depende de que haya luz, de que llegue el agua o de que un autobús aparezca milagrosamente.
La investigación de Encovi cubrió 22 estados del país y dejó por fuera solo a Amazonas y Delta Amacuro por razones logísticas. El resultado es una denuncia silenciosa contra un modelo político que prometió igualdad y terminó sembrando miseria.
Lo más dramático es que esta tragedia ya parece normalizada. Niños caminando kilómetros porque no hay transporte. Escuelas donde los maestros faltan porque el salario no alcanza ni para comer. Salones vacíos mientras el gobierno insiste en discursos triunfalistas desconectados de la realidad. Venezuela pasó de tener una de las redes educativas más sólidas de América Latina a convertirse en un territorio donde estudiar es una carrera de obstáculos.
Encovi también recordó que las fallas en los servicios públicos y la ausencia de alimentos dentro de los planteles siguen empujando a miles de estudiantes fuera del sistema educativo. El colapso no ocurrió de un día para otro. Fue una demolición lenta impulsada por corrupción, improvisación y abandono institucional durante los años del chavismo.
Cada cifra tiene rostro. Detrás de ese 56 % de estudiantes que no logra asistir regularmente hay niños que estudian con hambre, adolescentes que abandonan sus sueños y familias enteras agotadas de sobrevivir. La educación venezolana no fue víctima de una guerra ni de un desastre natural. Fue arrastrada al abismo por un modelo político que destruyó hospitales, universidades, salarios y servicios básicos mientras una élite gobernante vive completamente desconectada del sufrimiento popular.
Y quizás lo más doloroso sea la resignación. Porque mientras el país se apaga poco a poco, millones de venezolanos siguen luchando para que sus hijos no pierdan el único camino que podría salvarlos del ciclo de pobreza y desesperanza. En cualquier nación normal una cifra como esta provocaría una crisis política inmediata. En Venezuela apenas se convierte en otro titular más dentro de la larga lista de ruinas que dejó el chavismo.
POR: Bitacora25.com
