Mientras millones de venezolanos siguen haciendo milagros para conseguir una gasa, un antibiótico o simplemente una cama hospitalaria digna, la interina de Venezuela, Delcy Rodríguez volvió a aparecer en televisión prometiendo rescates financieros y acuerdos internacionales que, como tantas veces en la era chavista, llegan envueltos en anuncios grandilocuentes pero cargados de opacidad.
Rodríguez aseguró que su administración mantiene conversaciones con el Fondo Monetario Internacional para desbloquear recursos correspondientes a Derechos Especiales de Giro y destinarlos a hospitales venezolanos. Pero, recordemos, que la interina no ha entregado cuentas de las 70 toneladas de medicamentos que se compraron a Estados Unidos, pagados con el petróleo venezolano, y del que nadie sabe a donde han llegado, ahora nos sale con que habló de contactos con “empresas internacionales” para equipamiento médico, evitó revelar nombres, montos o condiciones de esos supuestos acuerdos.
El discurso sonó familiar para un país agotado de escuchar promesas mientras la realidad sigue oliendo a abandono. Porque si algo dejó el chavismo durante más de dos décadas fue precisamente la destrucción sistemática del sistema de salud venezolano. Hospitales sin agua, quirófanos cerrados, ascensores dañados, pacientes obligados a llevar hasta las jeringas y médicos huyendo del país por salarios miserables. Ahora, desde el mismo aparato político que llevó a Venezuela al colapso, se intenta vender la narrativa de una “recuperación hospitalaria” financiada con fondos internacionales.
La propia Rodríguez afirmó que el Ministerio de Salud “garantiza todos los insumos” para cirugías de baja complejidad y que incluso existen convenios con clínicas privadas para operaciones de alta complejidad. Pero en las calles venezolanas la historia sigue siendo otra. Sindicatos y trabajadores sanitarios han denunciado durante meses que desconocen los planes reales de inversión y que los hospitales continúan sobreviviendo entre carencias extremas.
Resulta imposible no preguntarse cómo un país petrolero terminó mendigando recursos para comprar equipos médicos básicos. Venezuela alguna vez tuvo uno de los sistemas hospitalarios más sólidos de América Latina. Hoy depende de donaciones extranjeras, convenios improvisados y anuncios televisados que muchas veces no pasan del espectáculo político.
Delcy Rodríguez insiste en que los fondos del FMI permitirán recuperar hospitales, servicios públicos y hasta estabilizar la economía nacional. Pero para millones de venezolanos las palabras ya perdieron valor hace tiempo. La desconfianza nació viendo cómo el chavismo convirtió la riqueza petrolera en ruinas, corrupción y migración masiva.
La tragedia venezolana no comenzó con sanciones ni con bloqueos. Comenzó cuando el poder decidió destruir instituciones, politizar la salud y convertir cada necesidad humana en propaganda. Y aunque ahora el interinato de Delcy Rodríguez intente mostrarse como una etapa distinta, muchos ciudadanos siguen viendo los mismos rostros administrando las mismas cenizas.
Porque al final, detrás de cada anuncio sobre millones bloqueados y hospitales “recuperados”, permanece la imagen más dolorosa de todas un país que alguna vez lo tuvo todo y hoy celebra como milagro aquello que nunca debió perder.
POR BITACORA58.COM
