La foto de Panamá generó rechazo porque muestra a María Corina Machado rodeada de figuras asociadas a la vieja política, incluidos ex chavistas.
La crítica es comprensible: la imagen contradice la narrativa de renovación que muchos esperan. Pero la política venezolana actual exige mirar más allá del encuadre.
El adversario no es un partido tradicional, sino un aparato de poder que ha penetrado todos los niveles del Estado y de la sociedad. Ganar la presidencia, por sí solo, no desmonta ese sistema. En un escenario electoral, es evidente que María Corina partiría con una ventaja casi invencible, y por eso algunos se preguntan por qué arriesgar su imagen apareciendo junto a dirigentes que generan rechazo.
La respuesta es incómoda, pero realista: para transformar el país no basta con la presidencia; hace falta conquistar gobernaciones, alcaldías y el Congreso (Es horrible decirle Asamblea, por eso le digo así) Y eso implica negociar con sectores que aún conservan estructuras territoriales capaces de inclinar resultados. Acción Democrática sigue teniendo maquinaria en varios estados.
Lo mismo ocurre con partidos regionales como Un Nuevo Tiempo en Zulia y otros más. Si en unas elecciones regionales cada quien lanza candidatos por separado, en algunos estados no pasaría nada… pero en otros la división abriría la puerta al chavismo, que es experto en aprovechar fracturas.
El chavismo sabe que la presidencia es su terreno más difícil, pero aspira a retener espacios en el Congreso para frenar cambios profundos. Por eso la unidad aunque sea incómoda se vuelve un factor estratégico. La foto puede no gustar, y es válido.
Pero la política no funciona como un juego de pelotica de goma en la escuela de “tú sí, tú no”. Es un tablero de ajedrez donde se negocia, se suma y se evita regalarle ventajas al adversario. Y al chavismo hay que arrebatarle absolutamente todo.
POR: GUSTAVO CARDENAS

Analizo, escribo y provoco. Liberal de derecha, sin radicalismos. Escribo mi primer libro para incomodar con elegancia.
