Durante años, la llamada “Dieta Maduro” fue una de las expresiones más dolorosas utilizadas por los venezolanos para describir la dramática pérdida de peso que sufrió buena parte de la población durante los peores años de la crisis económica y social del país. Ahora, una ironía del destino vuelve a poner ese término en el centro de la conversación.
El economista y analista Jorge Jraissati recordó en redes sociales que, en 2017, los venezolanos comenzaron a llamar “Dieta Maduro” a la pérdida de peso provocada por la escasez de alimentos, la hiperinflación y el colapso del poder adquisitivo. No se trataba de una elección personal ni de un método para mejorar la salud, sino de una consecuencia directa de una crisis que obligó a millones a reducir sus comidas, consumir menos proteínas y sobrevivir con salarios que ya no alcanzaban para comprar lo básico.
La expresión se convirtió en uno de los símbolos más crueles del fracaso del modelo socialista venezolano. Un país con las mayores reservas probadas de petróleo del mundo terminó enfrentando una realidad impensable: millones de ciudadanos sin capacidad para alimentarse adecuadamente, mientras el poder político insistía en defender un modelo que había destruido los salarios, la producción y la calidad de vida.
Jraissati señaló que, a juzgar por los bocetos de la comparecencia de Nicolás Maduro ante un tribunal federal en Nueva York, el exmandatario luce considerablemente más delgado. La ironía histórica, escribió, resulta imposible de ignorar: la “Dieta Maduro” que durante años castigó al pueblo venezolano parece haber terminado alcanzando al hombre que le dio su nombre.
Para millones de venezolanos, sin embargo, aquella dieta nunca fue una ironía. Fue hambre, sacrificio y supervivencia. Fue la consecuencia de un país rico convertido en una nación empobrecida, donde adelgazar dejó de ser una decisión personal para convertirse en la evidencia visible de una tragedia nacional.
