El encargado de Negocios de Estados Unidos en Venezuela, John Barrett, se mostró impresionado por los avances de los proyectos energéticos impulsados en el marco del acuerdo petrolero entre Caracas y Washington.
Redacción Bitácora58.com
Sin embargo, sus elogios contrastan con una pregunta que sigue pendiente de respuesta para los venezolanos, ¿cuáles son los beneficios reales para el país de un acuerdo que permite explotar su petróleo mientras persisten las dudas sobre las condiciones económicas y la transparencia de las negociaciones?
Durante una jornada encabezada por Delcy Rodríguez, Barrett calificó el entendimiento como un «gran acuerdo» y aseguró que su país está orgulloso de participar en los proyectos. También sostuvo que la cooperación está cambiando el panorama energético, tanto en Venezuela como en Estados Unidos.
El diplomático parece estar cumpliendo muy bien su tarea al destacar los resultados de una negociación que beneficia los intereses energéticos estadounidenses. Pero una cosa es que Washington esté satisfecho con el acuerdo y otra muy distinta es que los venezolanos tengan motivos para celebrar.
¿Avances para quién? Esa es la interrogante central. Mientras se inspeccionan instalaciones petroleras y se celebran los resultados de la cooperación, persiste la preocupación por las condiciones en las que se comercializa el crudo venezolano y por la proporción de los ingresos que realmente termina beneficiando al país.
Venezuela posee enormes reservas de hidrocarburos, según algunas teorías difundidas por Hugo Chávez, pero su riqueza petrolera no se ha traducido en bienestar para millones de ciudadanos. Los servicios públicos continúan deteriorados, los salarios siguen golpeados por la inflación y la población todavía espera respuestas sobre el destino de los recursos generados por la principal industria nacional.
En ese contexto, los elogios de Barrett resultan insuficientes para medir el éxito del acuerdo. No basta con hablar de proyectos en marcha, inversiones o nuevas oportunidades energéticas. Es indispensable conocer cuánto petróleo se está entregando, a qué precio se vende, qué compromisos asumen las empresas participantes y cuánto dinero recibe efectivamente Venezuela.
La expresión «petróleo a precio de marrana flaca» resume la sospecha que merece ser examinada con cifras y documentos: que el país podría estar negociando una de sus mayores riquezas en condiciones poco favorables, mientras los beneficios estratégicos y comerciales se distribuyen entre los actores que participan en el negocio.
Durante la inspección también estuvieron presentes representantes de NABEP y Petróleos de Venezuela (PDVSA), pero la presencia de autoridades y ejecutivos no sustituye la obligación de rendir cuentas sobre los términos del acuerdo.
El verdadero avance no debería medirse por la satisfacción del representante estadounidense, sino por los beneficios concretos que recibe Venezuela. Si el negocio es tan extraordinario como afirma Barrett, corresponde publicar sus condiciones, transparentar los precios y demostrar cuánto gana el país.
Porque celebrar que el petróleo venezolano vuelve a moverse en los mercados internacionales no es suficiente. La pregunta sigue siendo si esa actividad permitirá recuperar la industria y mejorar la vida de los venezolanos o si, una vez más, la riqueza nacional terminará convirtiéndose en un gran negocio para otros, mientras el país continúa pagando la factura.
