EE.UU. sanciona a Cuba mientras mantiene canales de negociación con el chavismo.
Estados Unidos volvió a endurecer su presión sobre el Gobierno cubano con nuevas sanciones dirigidas contra actores vinculados a estructuras económicas y militares de la isla, una decisión anunciada por el secretario de Estado Marco Rubio que contrasta con la estrategia que Washington ha aplicado frente al poder chavista en Venezuela, donde las sanciones han coexistido con negociaciones y acuerdos relacionados con el sector petrolero y peor aún levanta sanciones no solo a Venezuela, sino a personalidades del chavismo.
Por bitacora58.com
Según la información difundida por el Departamento de Estado, las nuevas medidas contra Cuba alcanzan a 11 actores vinculados al Gobierno cubano. Washington señala entre los objetivos a empresas estatales relacionadas con la explotación de níquel y a compañías militares dedicadas a investigación, desarrollo de sistemas de armas, capacidades navales y simulación de escenarios de combate.
La Administración Trump sostiene que estas estructuras permiten a la élite militar cubana controlar recursos económicos mientras una parte de la población enfrenta dificultades para acceder a servicios básicos como electricidad y alimentos. Rubio afirmó que Estados Unidos no permanecerá al margen mientras, según su argumento, los recursos de la isla sean utilizados para fortalecer al aparato estatal y de seguridad.
La política estadounidense hacia Cuba incluye desde hace años restricciones económicas y medidas específicas contra entidades vinculadas con las Fuerzas Armadas Revolucionarias, los servicios de seguridad y otras estructuras estatales. El propio Departamento de Estado mantiene una lista de entidades cubanas sometidas a restricciones por sus vínculos con los sectores militar, de inteligencia y seguridad.
El contraste aparece al observar la relación de Washington con Venezuela.
En el caso venezolano, Estados Unidos ha mantenido sanciones contra funcionarios y sectores estratégicos, pero también ha utilizado las negociaciones como mecanismo para intentar obtener avances políticos. En 2022, por ejemplo, Washington flexibilizó parcialmente las restricciones sobre el sector petrolero venezolano después de la reanudación de las conversaciones entre la oposición y representantes de Nicolás Maduro. La licencia permitió a Chevron reanudar operaciones limitadas de extracción de recursos naturales en Venezuela.
Un año después, Estados Unidos volvió a vincular explícitamente el alivio de determinadas sanciones con compromisos electorales. Tras la firma de una hoja de ruta electoral entre la Plataforma Unitaria y representantes de Maduro en octubre de 2023, Washington autorizó temporalmente determinadas transacciones relacionadas con el petróleo y el gas venezolanos.
La diferencia no significa que Estados Unidos haya abandonado las sanciones contra Venezuela. La política estadounidense ha combinado presión económica con contactos diplomáticos y medidas de alivio condicionadas a determinados compromisos políticos. Washington ha señalado que el objetivo de esas negociaciones era impulsar elecciones competitivas, respeto a los derechos humanos y una salida negociada a la crisis venezolana, sin embargo los venezolanos no piensan lo mismo.
Así, mientras Cuba continúa enfrentando una política estadounidense caracterizada por fuertes restricciones dirigidas contra estructuras estatales y militares, Venezuela ha estado sometida a una estrategia más híbrida, en la que las sanciones han coexistido con negociaciones y autorizaciones económicas condicionadas.
La diferencia plantea un debate sobre la forma en que Washington utiliza sus herramientas de presión exterior. En Cuba, el énfasis sigue colocado en castigar estructuras vinculadas al aparato estatal y militar. En Venezuela, Estados Unidos ha recurrido además al diálogo directo e indirecto con actores vinculados al chavismo como parte de una estrategia orientada a obtener cambios políticos y económicos.
Más que dos políticas completamente opuestas, se trata de dos aplicaciones distintas de la presión estadounidense.
