Caracas, Venezuela. La historia de la nueva negociación política venezolana apenas comienza a escribirse, pero Dinorah Figuera ya ocupa un lugar que difícilmente podrá borrar de las páginas de la historia del país.
Por bitacora58.com
La dirigente opositora regresó a Venezuela después de más de siete años en el exilio y pasó, en cuestión de semanas, de mantenerse alejada del centro de la política nacional a convertirse en la principal representante de un sector opositor sentado frente al chavismo.
La apuesta fue presentada como una oportunidad para abrir el camino hacia una transición democrática, reconstruir las instituciones y crear las condiciones para unas elecciones.
Pero el entusiasmo inicial comenzó a convertirse en dudas.
Y ahora la pregunta política que crece entre sectores de la oposición es cuánto tiempo podrá sostenerse una mesa que todavía no muestra ante los venezolanos resultados capaces de justificar las enormes expectativas que generó.
De presidenta de la AN de 2015 a negociadora
Dinorah Figuera ejerció como presidenta de la Asamblea Nacional elegida en 2015 y permaneció durante años fuera de Venezuela. Su regreso en junio de 2026 no ocurrió como una decisión aislada.
Figuera explicó que había regresado por invitación del Departamento de Estado de Estados Unidos. Poco después se reunió con Jorge Rodríguez y comenzó a participar en conversaciones destinadas a discutir una eventual transición política y la renovación de instituciones como el Consejo Nacional Electoral.
El movimiento sorprendió a buena parte de la oposición porque colocó a Figuera al frente de una negociación en la que no estaba sentada María Corina Machado, considerada por amplios sectores opositores como la principal dirigente política del país.
EFE llegó a describir a Figuera como la ficha elegida por Washington para tender puentes entre la oposición y el chavismo. Ese detalle es fundamental. Porque desde el primer momento la mesa nació con un problema de legitimidad política dentro del propio campo opositor.
Una negociación presentada como el camino hacia las elecciones
El discurso oficial de la mesa fue ambicioso. La delegación encabezada por Figuera planteó una hoja de ruta para la reinstitucionalización, la recuperación democrática y una transición electoral pacífica.
El primer ciclo de conversaciones comenzó formalmente el 6 de agosto y ambas delegaciones acordaron mantenerse en sesión hasta el 12 de agosto para abordar la metodología y los temas de trabajo.
Sobre el papel, los objetivos incluían democracia, derechos y garantías políticas, fortalecimiento institucional y condiciones electorales.
Pero el venezolano común no vive de comunicados. Vive de resultados. Y allí comienza el verdadero problema de esta historia.
La paciencia de los venezolanos tiene un límite
Después de años de negociaciones políticas que terminaron sin producir una transición democrática, una parte importante de la sociedad venezolana observa con desconfianza cualquier nueva mesa.
No existe evidencia para afirmar que todos los venezolanos rechazan el proceso, pero sí resulta evidente que la negociación enfrenta cuestionamientos dentro de sectores opositores y en las redes sociales, especialmente por la ausencia de resultados concretos y por la exclusión de figuras centrales de la oposición.
El propio análisis publicado por medios como El País advertía que la negociación partía con profundas grietas y que la elección de Figuera generaba incertidumbre dentro de la oposición.
La mesa prometió una ruta hacia elecciones. Los venezolanos esperan precisamente eso. Elecciones libres, instituciones independientes, presos políticos liberados y garantías reales.
Cada día que pasa sin avances visibles aumenta el costo político de quienes decidieron sentarse a negociar.
La ausencia de María Corina Machado
Uno de los elementos más polémicos del proceso es que María Corina Machado quedó fuera de la delegación negociadora.
Estados Unidos impulsó a Figuera como interlocutora mientras Machado mantenía una posición distinta sobre la manera en que debía conducirse la negociación.
La decisión generó críticas porque colocó a una dirigente que había permanecido años fuera del país al frente de una negociación que pretendía representar a la oposición venezolana.
Figuera ha insistido en que su proceso no busca fragmentar a la oposición y ha señalado la importancia de Machado dentro de la ruta democrática.
Pero para muchos críticos el problema no se resuelve reconociendo a Machado públicamente mientras permanece fuera de la mesa.
La política también se mide por quién tiene una silla cuando se toman las decisiones.
Cinco jornadas y muchas expectativas
La primera ronda terminó el 12 de agosto.
Las delegaciones anunciaron que continuarían trabajando y Figuera posteriormente informó que la segunda etapa estaba prevista para la segunda mitad de septiembre, con una fecha tentativa a partir del 15 de septiembre.
Entre los asuntos anunciados aparecen las garantías políticas y civiles y la libertad de expresión.
Es decir, mientras la mesa entra en una nueva fase, todavía queda pendiente la gran prueba.
Demostrarle a los venezolanos que esta negociación no será otra fotografía, otro comunicado y otra promesa.
Y entonces apareció Kilómetro
En medio de ese escenario ocurrió uno de los episodios que más preguntas ha generado alrededor de la comunicación de la mesa.
El 6 de agosto, horas antes de la instalación formal del diálogo, integrantes de la delegación de la Asamblea Nacional de 2015, entre ellos Dinorah Figuera, Marco Aurelio Quiñones, Ramón López y Macario González, se reunieron con el creador de contenido Miguel Alejandro Herrera, conocido como “Kilómetro”, y con el activista Jesús González.
La reunión fue confirmada por registros difundidos públicamente y también fue reportada por medios independientes.
Posteriormente, el propio entorno de la AN de 2015 comenzó a vincular a Kilómetro con la estrategia de comunicación dirigida a creadores de contenido e influencers.
El hecho provocó cuestionamientos.
¿Por qué un proceso que se presentaba como uno de los momentos políticos más trascendentales de Venezuela comenzaba su jornada reuniéndose con un influencer?
¿Por qué no priorizar encuentros con periodistas, organizaciones de derechos humanos, familiares de presos políticos o representantes de sectores sociales afectados por la crisis?
Las críticas no fueron menores.
Medios como El Pitazo registraron que parte de la delegación se fotografió con influencers y tiktokers el mismo día de la instalación de la mesa.
El pasado político de Kilómetro entra en escena
Miguel Alejandro Herrera Díaz, conocido como Kilómetro, es un creador de contenido venezolano que ha desarrollado una presencia importante en redes sociales, ojo, no por quywe sea analista político, sino, por que vió q hablar de Venezuela generaba ingresos monetarios.
Sin embargo, su pasado y sus posiciones políticas comenzaron a ser objeto de escrutinio.
El juicio de la historia
Dinorah Figuera tiene ahora una responsabilidad que probablemente nunca imaginó cuando regresó del exilio.
Puede convertirse en la dirigente que ayudó a abrir el camino hacia una transición democrática. O puede terminar siendo recordada como la representante de una negociación que no consiguió entregar a los venezolanos aquello que durante años han reclamado.
La diferencia no estará en los discursos. Estará en los resultados. Elecciones libres. Instituciones independientes. Libertad para los presos políticos. Garantías para los venezolanos. Y un país donde el voto vuelva a tener valor.
Mientras tanto, la segunda fase de la negociación se acerca y con ella una nueva oportunidad para demostrar que la mesa tiene un propósito real.
Porque si nuevamente no hay resultados, el desgaste será inevitable. Y esta vez no bastará con decir que se está negociando. Los venezolanos ya han escuchado esa frase demasiadas veces.
La historia juzgará a quienes tuvieron la oportunidad de cambiar el rumbo de Venezuela.
Y Dinorah Figuera, por haber aceptado encabezar esta negociación, tendrá que asumir una parte importante de esa responsabilidad.
Redacción Bitácora58
