Delcy Rodríguez pasó durante años por los principales despachos de la política exterior venezolana hasta convertirse en canciller y una de las figuras más visibles de la diplomacia del chavismo. Desde esa posición, no solo defendió internacionalmente al régimen, sino que también fue una de las principales arquitectas de una política exterior marcada por la confrontación permanente con Estados Unidos y por la expansión del discurso ideológico chavista en América Latina.
Durante su gestión, la Cancillería venezolana dejó de actuar como una institución destinada a defender los intereses nacionales para convertirse, en una poderosa plataforma de propaganda política. La diplomacia fue utilizada para atacar a gobiernos democráticos, promover alianzas ideológicas y justificar ante la comunidad internacional las decisiones de un modelo político que condujo a Venezuela a una profunda crisis institucional, económica y social.
El discurso de confrontación impulsado desde Caracas contribuyó a profundizar la polarización regional y a deteriorar las relaciones de Venezuela con buena parte de Occidente. Bajo la bandera del llamado antiimperialismo, el chavismo convirtió la política exterior en un escenario de batalla ideológica, mientras los intereses de los venezolanos quedaban relegados.
Ahora, Delcy Rodríguez intenta proyectarse como una figura moderada, pragmática y diplomática. Sin embargo, su trayectoria política difícilmente puede separarse de los años en los que defendió con firmeza la política exterior del chavismo y contribuyó a institucionalizar una diplomacia basada más en la propaganda y la confrontación que en la defensa de los intereses nacionales.
Se trata de una verdadera transformación política o simplemente de un cambio de discurso para intentar sobrevivir en una nueva etapa, porque una imagen moderada no puede borrar décadas de decisiones, discursos y actuaciones al servicio de un proyecto político que convirtió la diplomacia venezolana en una extensión de su maquinaria ideológica.
