La introducción de la gasolina “súper premium” de 97 octanos por parte de la estatal PDVSA, identificada con nuevos letreros de color verde manzana en estaciones de servicio, ha generado creciente malestar entre los venezolanos, quienes cuestionan el alto costo del combustible en medio de una profunda crisis económica.
El nuevo producto, que se vende a un dólar por litro y solo puede pagarse en efectivo en divisas, ha sido percibido por amplios sectores como una medida excluyente. En un país donde el salario mínimo mensual no alcanza un dólar, llenar un tanque con este tipo de gasolina resulta simplemente inalcanzable para la mayoría.
Aunque el Gobierno presenta la iniciativa como parte de un plan para modernizar el mercado y diversificar la oferta, en la práctica muchos ciudadanos denuncian que el nuevo esquema profundiza las desigualdades. La coexistencia de tres tipos de gasolina —subsidiada, de 95 octanos y la nueva súper premium— ha fragmentado el acceso y obligado a los conductores a recorrer mayores distancias en busca de opciones más económicas.
En las estaciones subsidiadas, las largas filas desde la madrugada siguen siendo la norma. En contraste, algunas estaciones habilitadas exclusivamente para la venta de gasolina de 97 octanos permanecen con baja afluencia, reflejando la limitada capacidad de pago de los usuarios.
El descontento también se extiende al sector transporte. Trabajadores advierten que los costos del combustible son incompatibles con las tarifas actuales del pasaje, lo que agrava la ya precaria situación del servicio. “Es imposible sostener la operación si se imponen precios en dólares”, han señalado voceros del gremio.
A esto se suma el rechazo al esquema de pago exclusivo en efectivo en moneda extranjera, en un país donde el acceso a dólares es desigual y donde la moneda oficial sigue siendo el bolívar. Para muchos, la medida evidencia una desconexión entre las políticas públicas y la realidad cotidiana de la población.
Expertos coinciden en que el ajuste de precios del combustible es inevitable desde el punto de vista económico, pero advierten que su implementación sin medidas de compensación social puede profundizar el malestar. En este contexto, la gasolina “súper premium” se ha convertido no solo en un nuevo producto, sino en un símbolo de las tensiones entre la necesidad de reformas y el deterioro del poder adquisitivo de los venezolanos.
