COLGADOS DE LAS ESPOSAS, ELECTROCUTADOS Y ASFIXIADOS CON BOLSAS.
El 21 de enero de 2019, un grupo de sargentos de la GNB se rebeló en Cotiza contra Nicolás Maduro. Entre ellos estaba Andrés Paredes Soler.
Lo que ocurrió después quedó documentado por la Misión de la ONU.
En la DGCIM de Boleíta, integrantes del grupo fueron colgados de las esposas, golpeados, sometidos a descargas eléctricas y asfixiados con bolsas plásticas. La Misión investigó en profundidad el caso del sargento Luis Bandres Figueroa y concluyó que tenía motivos razonables para creer que actos similares fueron cometidos contra Andrés Paredes Soler y otros 23 integrantes del grupo.
Las denuncias de tortura no impidieron que fueran condenados.
En 2020, incluso fueron llevadas ante un tribunal medidas cautelares internacionales relacionadas con el deterioro de la salud de Paredes. Según la ONU, el tribunal no tomó ninguna medida.
Más de siete años después, Andrés Paredes Soler continúa privado de libertad.
El precio de rebelarse contra el régimen no terminó con una condena: comenzó en una sala de torturas
