El dolor de una madre venezolana volvió a desnudar la tragedia humana que se vive bajo el chavismo y el interinato de Delcy Rodríguez. Este viernes, Víctor Hugo Quero recibió cristiana sepultura en el Cementerio del Este, luego de un estremecedor proceso de exhumación ordenado por la Fiscalía 80 que confirmó lo que su madre, Carmen Teresa Nava, llevaba 16 meses temiendo y denunciando entre lágrimas, oficinas cerradas y silencio oficial.
La mujer de 82 años descubrió finalmente que el cadáver enterrado en el Cementerio Jardín La Puerta, en Baruta, sí pertenecía a su hijo de 52 años, un preso político detenido en circunstancias oscuras y rodeadas de contradicciones. El viacrucis de esta madre venezolana parece sacado de una pesadilla interminable, una más de las tantas historias que deja la destrucción institucional y moral de Venezuela.
La periodista Maryorín Méndez, quien acompañó a Carmen en esta dolorosa etapa, relató escenas que estremecen hasta al más frío. Frente a la madre se realizó la autopsia del cadáver, un procedimiento que describió como cruel y horrible. Mientras observaba los restos de su hijo, Carmen Teresa se quitó las medias y pidió a los funcionarios que se las colocaran a Víctor Hugo. Luego, conmovida y quebrada por el sufrimiento, se quitó la gorra gris que siempre llevaba y dijo entre lágrimas que se la pusieran también para que se llevara “un pedacito de ella”.
Son escenas que retratan el nivel de abandono humano que se vive en un país donde el poder parece haber perdido toda sensibilidad. La tragedia no termina allí. Según denunció Méndez, el estado del cadáver no parecería coincidir con las fechas oficiales ofrecidas por las autoridades, abriendo nuevas dudas sobre lo ocurrido dentro del sistema penitenciario venezolano.
Mientras el chavismo intenta justificar lo injustificable, la investigación apenas comienza. La abogada Stefanía Migliorini, del Foro Penal, aseguró que Carmen Nava también es víctima de todo este horror, después de recorrer cárceles, fiscalías y organismos públicos buscando respuestas que nunca llegaron.
Víctor Hugo Quero había sido detenido por funcionarios de la Dgcim cuando se dirigía a encontrarse con su madre para celebrar el Año Nuevo. Llevaba consigo una caja de bombones. Nunca imaginó que aquel regalo terminaría convirtiéndose en el último gesto de amor hacia la mujer que hoy lo despide en medio de sospechas, contradicciones y silencio oficial.
El caso revela nuevamente el rostro más oscuro de la Venezuela destruida por el chavismo, donde las familias no solo sufren persecución, detenciones y miedo, sino también la incertidumbre de no saber siquiera dónde están sus seres queridos. Bajo el interinato de Delcy Rodríguez, la impunidad sigue avanzando mientras madres venezolanas envejecen buscando justicia en un país donde el dolor parece no tener fin.
