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La podredumbre del chavismo volvió a quedar expuesta este sábado 9 de mayo, luego de que Zair Mundaray, exmano derecha de la exfiscal Luisa Ortega Díaz, revelara detalles escalofriantes de la declaración ofrecida por Tareck El Aissami ante el tribunal el pasado 8 de mayo de 2026. Lo que salió de esa audiencia no solo retrata una guerra interna feroz dentro del régimen, sino también el nivel de degradación humana al que ha sido arrastrada Venezuela tras más de dos décadas de chavismo y ahora bajo el interinato sombrío de Delcy Rodríguez.
El Aissami aseguró que el 9 de abril de 2024 fue secuestrado por hombres armados y trasladado a Fuerte Tiuna, donde comenzó un infierno que parece extraído de las páginas más oscuras de las dictaduras latinoamericanas. Denunció que le negaron contacto con su abogada María Mercedes Berthé y que fue encerrado en la celda “11A”, un número usado por sus captores para intentar borrarle la identidad y quebrarlo psicológicamente.
Durante ocho meses, según relató, vivió bajo un reflector encendido las 24 horas, durmiendo en el suelo helado mientras custodios manipulaban el aire acondicionado para castigarlo físicamente. Pasó más de 100 días sin poder asearse hasta que comenzó a sangrar por la nariz. Acusó directamente a los coroneles Hernández Lárez, Tabata y especialmente a Montilla Seijas de ser sus verdugos.
La escena descrita por quien fuera uno de los hombres más poderosos del chavismo parece confirmar algo que millones de venezolanos han denunciado durante años y que el poder siempre intentó ocultar entre propaganda, cadenas y persecución.
Recordemos que en Venezuela no existe justicia, existe miedo. No existe institucionalidad, existe sometimiento. El chavismo convirtió al Estado en una maquinaria de destrucción humana donde hoy hasta sus antiguos aliados terminan aplastados por el mismo sistema que ayudaron a construir.
El exministro también lanzó graves acusaciones contra Tarek William Saab, a quien calificó de “indigno y oprobioso”. Según dijo, Saab acudía a burlarse de sus condiciones de reclusión diciéndole con cinismo brutal que “los príncipes duermen en el suelo”. Incluso afirmó que intentaron vincularlo falsamente con el caso del cantante Canserbero para destruirlo públicamente y convertirlo en el villano perfecto ante el mundo.
Las revelaciones también salpican directamente al Ministerio Público. El Aissami denunció que fiscales como Eddy Rodríguez y Farik Mora ingresaban a su celda para amenazarlo y exigirle grabar confesiones forzadas. Aseguró además que un psiquiatra impuesto por las autoridades lo mantenía sedado con Clonazepam.
Pero quizás uno de los momentos más impactantes ocurrió cuando habló de su salud y de su familia. Narró cómo, pese a sufrir una grave hernia prostática bilateral y problemas urinarios, fue devuelto a prisión menos de diez horas después de una cirugía de emergencia realizada en octubre de 2025. Dijo que fue trasladado en una camioneta común, cayó de la silla de ruedas por el dolor y hoy teme morir porque la malla quirúrgica se desplazó hacia la arteria femoral.
Entre lágrimas, pidió ver a su hijo recién operado del corazón antes de que “se vaya a otro plano”. Fue el instante donde el hombre poderoso desapareció y quedó solo un padre derrotado, quebrado por el mismo monstruo político que durante años ayudó a sostener.
En medio de la audiencia, El Aissami llegó incluso a compararse con Jean Valjean, protagonista de Los miserables. Una comparación que para muchos raya en el cinismo y descaro, considerando el inmenso poder que acumuló durante años dentro del aparato chavista.
Durante el interrogatorio del Ministerio Público, El Aissami se negó a responder sobre cómo adjudicaba los buques o manejaba la industria, y ante la pregunta sobre las funciones de Antonio Pérez Suárez, contestó tajantemente que lo buscaran en la Gaceta Oficial. El interrogatorio de la fiscalía culminó de forma abrupta luego de que la jueza declarara «con lugar» una objeción de la abogada defensora.
El tribunal acordó reanudar la audiencia el próximo lunes 11 de mayo a las 10 de la mañana. Pero más allá de lo judicial.
Mientras el país sigue hundido entre pobreza, migración masiva, hospitales colapsados y familias separadas, las luchas internas del poder muestran la verdadera cara de una revolución que prometió dignidad y terminó construyendo miedo, persecución y ruina.
Cuántas historias similares siguen enterradas detrás de los muros del poder chavista mientras un país entero sobrevive entre silencio, terror y desesperanza.
Sin embargo, su testimonio deja algo aterradoramente claro. En la Venezuela destruida por el chavismo nadie está realmente a salvo. El régimen no conoce lealtades eternas, solo intereses temporales.
