Caracas arde de indignación y los trabajadores vuelven a las calles con un grito que ya no aguanta más.
La tensión social en Venezuela sigue escalando y esta vez el pulso lo marca una nueva convocatoria que refleja el hartazgo de quienes sobreviven con salarios pulverizados.
La convocatoria, difundida a través de redes sociales, llama a los ciudadanos a marchar desde la Plaza Alfredo Sadel hasta la Embajada de Estados Unidos en Caracas, en un movimiento que no solo busca visibilizar la crisis laboral sino también exigir acciones concretas ante lo que consideran un estancamiento político y económico sin salida.
Detrás de esta protesta hay historias que se repiten en silencio en millones de hogares venezolanos, trabajadores que ven cómo su esfuerzo diario se diluye frente a un salario mínimo que permanece congelado desde 2022 mientras el costo de vida sigue en ascenso. La reciente decisión del gobierno de aumentar bonos sin tocar el salario base ha sido interpretada por los gremios como una maniobra insuficiente que esquiva el problema de fondo.
El dirigente sindical José Patines confirmó que la concentración arrancará en Las Mercedes, un punto que se ha convertido en símbolo de resistencia laboral en medio de crecientes obstáculos y presiones. No es un hecho aislado, viene precedido por semanas de protestas, bloqueos y denuncias de represión que han intentado frenar el avance de los trabajadores hacia centros de poder en Caracas.
Los sindicatos no solo reclaman mejores ingresos, también buscan sacudir la indiferencia internacional y forzar un cambio que, a su juicio, el chavismo ha postergado mientras la crisis se profundiza.
En las calles se respira algo más que protesta, se siente desesperación, cansancio y una determinación creciente. Venezuela vuelve a moverse, empujada por quienes ya no tienen margen para esperar.
