Las afueras del centro penitenciario El Rodeo I, en el estado Miranda, se han convertido en un símbolo de resistencia en Venezuela. Este 29 de abril, familiares de presos políticos cumplieron 111 días de vigilia ininterrumpida, una protesta pacífica que mezcla denuncia, fe y perseverancia.
La jornada, según reportes del Comité por la Libertad de los Presos Políticos (Clippve), estuvo marcada por actos religiosos y acompañamiento espiritual. Representantes de iglesias se sumaron a los familiares para elevar oraciones por la liberación de los detenidos, reforzando el carácter simbólico de una protesta que ya trasciende lo político.
Una espera que comenzó con promesas incumplidas
La vigilia inició el pasado 8 de enero, tras anuncios oficiales sobre liberaciones de presos políticos. Desde entonces, decenas de familias, madres, esposas, hijos, permanecen a las afueras del penal, muchas veces durmiendo en carpas o a la intemperie, en condiciones precarias.
Con el paso de los meses, la protesta no solo se ha mantenido, sino que se ha intensificado. Para mediados de abril ya se contabilizaban 100 días de presencia continua, acompañados de consignas, pancartas y jornadas de oración que reflejan el desgaste emocional y físico de los manifestantes.
Denuncias de abusos y retrasos
Los familiares denuncian que el proceso de liberaciones ha sido lento, opaco y, en muchos casos, incumplido. A esto se suman acusaciones de violaciones de derechos humanos, torturas y condiciones inhumanas dentro del penal, incluyendo aislamiento extremo y enfermedades entre los detenidos.
Las protestas también han servido para visibilizar el impacto de esta situación: separaciones familiares prolongadas, incertidumbre y una sensación de abandono institucional.
Fe, protesta y resistencia
Más allá de la denuncia, la vigilia se ha transformado en un espacio de encuentro espiritual. Velas encendidas, rezos colectivos y actividades simbólicas forman parte de una rutina que busca mantener viva la esperanza.
El campamento improvisado frente a la cárcel ha sido descrito por activistas como un “bastión de resistencia”, donde el cansancio no ha logrado apagar la determinación. Las consignas se repiten día tras día:
“Justicia y libertad. Todos son inocentes, ninguno delincuente.”
Un símbolo que sigue creciendo
En el contexto de un proceso de amnistía anunciado a inicios de 2026 —cuestionado por su lentitud—, la vigilia en El Rodeo I se consolida como una de las protestas pacíficas más prolongadas del país.
Mientras pasan los días, las familias insisten en lo mismo: no se retirarán hasta obtener respuestas concretas. La cifra ya no es solo un número. 111 días después, la vigilia es también un recordatorio constante de una deuda pendiente con la justicia y los derechos humanos en Venezuela.
