La petrolera ConocoPhillips, con sede en Houston, ha dado un paso que podría marcar un giro en el panorama energético venezolano: el envío de un equipo técnico al país para evaluar oportunidades de inversión en petróleo y gas, casi dos décadas después de su salida en 2007 tras las nacionalizaciones impulsadas por el entonces presidente Hugo Chávez.
“Estamos analizando Venezuela junto con otras oportunidades internacionales dentro de nuestro marco de inversión disciplinado”, indicó Dennis Nuss, portavoz de la compañía, dejando claro que no se trata aún de un retorno definitivo, sino de una exploración estratégica.
El movimiento de ConocoPhillips no ocurre en solitario. La también estadounidense ExxonMobil ha enviado recientemente un equipo para evaluar un posible regreso al país, evidenciando un renovado interés por las mayores reservas probadas de crudo del mundo.
Este escenario se produce tras un cambio político significativo: luego de la detención del exmandatario Nicolás Maduro en una intervención militar estadounidense, el presidente Donald Trump ha instado a las grandes energéticas de su país a invertir en Venezuela y reactivar su golpeada industria petrolera.
Sin embargo, el entusiasmo político contrasta con la prudencia empresarial. Los principales ejecutivos del sector han insistido en que cualquier regreso dependerá de condiciones claras. El CEO de ExxonMobil, Darren Woods, ha señalado que Venezuela debe estabilizarse y avanzar hacia un gobierno representativo. Por su parte, el director ejecutivo de ConocoPhillips, Ryan Lance, ha advertido que el país necesita “recalibrar completamente” su sistema fiscal para atraer inversiones.
A esto se suma un factor clave: la deuda. Venezuela mantiene un compromiso cercano a los 12.000 millones de dólares con ConocoPhillips, derivado de un laudo arbitral emitido por el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI) en 2012 por la expropiación de sus activos.
Aunque el interés internacional parece reactivarse, las compañías energéticas mantienen una postura cautelosa. La historia de expropiaciones, la inestabilidad política y las dudas sobre el marco legal siguen pesando en la toma de decisiones. Por ahora, Venezuela vuelve a estar en el radar petrolero global, pero su recuperación dependerá no solo de su riqueza en recursos, sino de la confianza que logre reconstruir ante los inversionistas.
