En Venezuela no solo encarcelaron a tres hombres. También condenaron a sus esposas, hijos, madres y hermanos a vivir más de dos décadas de angustia, pobreza y sufrimiento silencioso. La reciente liberación de Luis Molina, Erasmo Bolívar y Héctor Rovaín no borra el drama que destruyó a sus familias ni devuelve el tiempo que el chavismo les arrebató cruelmente tras las rejas.
Mientras la revolución bolivariana consolidaba su poder y perseguía a quienes consideraba enemigos políticos, estos exfuncionarios de la Policía Metropolitana pasaron 23 años presos en medio de denuncias de irregularidades judiciales, aislamiento y abandono. Sus seres queridos tuvieron que recorrer kilómetros para visitarlos en cárceles alejadas, vender pertenencias para sobrevivir y soportar el peso de una condena que para muchos venezolanos siempre estuvo cargada de revancha política.
El daño fue irreversible. Padres murieron sin volver a abrazar a sus hijos. Hijas crecieron sin la presencia de sus padres. Familias enteras quedaron fracturadas mientras el país se hundía entre la polarización, el miedo y la destrucción institucional impulsada primero por Hugo Chávez, seguida por el carnicero de America, Nicolas Maduro, y hora sostenida bajo el interinato de Delcy Rodríguez.
Las imágenes de los tres hombres arrodillados besando el suelo al salir de prisión estremecieron a miles de venezolanos. No era solamente la salida de unos presos. Era el reflejo de un país roto donde la justicia parece llegar demasiado tarde y donde el poder convirtió el dolor humano en herramienta política.
Durante años se les negó cualquier beneficio procesal mientras otros responsables de la destruución nacional disfrutaban privilegios y poder. Las familias de los policías metropolitanos vivieron atrapadas entre tribunales, humillaciones y promesas incumplidas, observando cómo Venezuela se transformaba en una nación donde disentir podía costar la vida entera.
Hoy salen libres físicamente, pero jamás recuperarán los cumpleaños perdidos, las navidades vacías ni los funerales a los que no pudieron asistir. Venezuela tampoco recuperará fácilmente la confianza en unas instituciones señaladas durante años de actuar al servicio del poder político y no de la verdad.
La liberación de Luis Molina, Erasmo Bolívar y Héctor Rovaín deja una pregunta dolorosa que recorre el corazón de millones de venezolanos. Cuántas familias más deberán ser destruidas antes de que el país vuelva a conocer la justicia y la reconciliación verdadera.
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Por Bitacora58.com
