Mientras la OPEP reporta que Venezuela aumentó su producción petrolera hasta alcanzar los 1,201 millones de barriles diarios en agosto, en El Tigre pacientes renales tuvieron que sacar dinero de sus propios bolsillos para conseguir enfermeras y poder recibir un tratamiento del que depende su vida.
Por bitacora58.com
La situación ocurrió este jueves 10 de septiembre en la Unidad de Diálisis Care, ubicada en el Centro Comercial Rahme de El Tigre, donde los pacientes y sus familiares llegaron para recibir atención y encontraron un escenario alarmante. El primer turno amaneció sin suficiente personal de enfermería.
Ante la emergencia, los propios pacientes y familiares tuvieron que contratar particularmente a enfermeras jubiladas y a antiguas trabajadoras de la unidad para intentar garantizar que las sesiones de diálisis pudieran realizarse.
Vidal Malaver, familiar de una paciente, denunció que la nómina de la unidad pasó de tener 10 enfermeras a contar solamente con dos, una situación que atribuyó a los bajos salarios y a las precarias condiciones laborales.
La diferencia resulta brutal. Mientras las cifras petroleras hablan de millones de barriles y de un supuesto crecimiento de la producción nacional, enfermos renales deben reunir dinero entre familiares para pagar a las enfermeras que necesitan para seguir con vida.
Una sesión de diálisis no es un lujo ni un servicio que pueda esperar. Para estos pacientes, recibir el tratamiento a tiempo es una necesidad vital. Cada jornada perdida puede convertirse en una amenaza directa para su salud.
El pago particular de las enfermeras fue planteado como una medida de emergencia únicamente para este jueves, porque los propios familiares saben que no pueden asumir permanentemente una responsabilidad que corresponde al sistema público de salud.
Tras la protesta y la contingencia, representantes de Saludanz acudieron al lugar y confirmaron que se gestiona la contratación directa de nuevo personal de enfermería.
Pero el episodio deja al descubierto una realidad que golpea directamente a los venezolanos. En un país que presume cifras petroleras en ascenso, sus pacientes siguen enfrentando hospitales y centros de salud sin el personal necesario para atenderlos.
El petróleo puede aumentar, los barriles pueden multiplicarse y las estadísticas oficiales pueden mostrar crecimiento. Pero para un paciente renal que llega a una unidad de diálisis y no encuentra una enfermera, esas cifras no significan nada.
La Venezuela petrolera que anuncian los números contrasta con la Venezuela que viven diariamente los pacientes, sus familiares y los trabajadores de la salud, obligados a sobrevivir entre salarios miserables, falta de personal y servicios cada vez más deteriorados.
Mientras el régimen celebra cada barril adicional, los pacientes siguen pagando con angustia el precio de un sistema de salud abandonado.
