Venezuela logró posicionarse como el segundo proveedor de petróleo de Estados Unidos durante la tercera semana de abril, en medio de un escenario internacional marcado por tensiones en el estrecho de Ormuz y dificultades logísticas que afectan a grandes exportadores como Arabia Saudita.
De acuerdo con datos de la Administración de Información Energética, el país sudamericano exportó cerca de 310.000 barriles diarios de crudo en la semana que finalizó el 24 de abril. Aunque esta cifra representa una caída de 38 por ciento respecto al período anterior, fue suficiente para superar a Arabia Saudita, cuyos envíos se redujeron a 174.000 barriles diarios, su nivel más bajo en más de cuatro meses.
El descenso en las exportaciones saudíes está vinculado a las restricciones en el tráfico marítimo derivadas del conflicto en Oriente Medio. El estrecho de Ormuz, una ruta clave por donde transita cerca de una quinta parte del petróleo mundial, ha sufrido interrupciones que han obligado a recortes significativos en la producción y distribución global de crudo .
En contraste, Venezuela ha mostrado un mayor dinamismo en sus exportaciones hacia Estados Unidos, impulsado en parte por una flexibilización de sanciones y un repunte en la relación comercial entre ambos países. En marzo, los envíos venezolanos llegaron a promediar más de 349.000 barriles diarios, el nivel más alto en años .
Este comportamiento ha permitido que, en semanas recientes, el país caribeño supere de forma puntual a Arabia Saudita en el ranking de proveedores de crudo a Estados Unidos, una posición poco habitual en los registros históricos.
El promedio móvil de cuatro semanas también confirma la tendencia alcista, reflejando niveles que no se observaban desde 2019. Este repunte ocurre en un contexto global de alta volatilidad energética, donde factores geopolíticos están redefiniendo los flujos de suministro.
La crisis en torno al estrecho de Ormuz ha generado oportunidades para productores fuera del Golfo Pérsico, incluyendo Venezuela, que se han beneficiado del alza de precios y de la necesidad de Estados Unidos de diversificar sus fuentes de abastecimiento .
En este escenario, el reordenamiento del mercado petrolero global continúa en desarrollo, con impactos directos tanto en los precios como en las relaciones energéticas internacionales.
