La periodista Gladys Rodríguez puso sobre en la palestra publica una reflexión que incomoda a muchos, y que toca una de las fibras más sensibles de cualquier eventual transición política en Venezuela.
Su planteamiento:
El mismo que millones de venezolanos piensan, pero, que no tienen voz, y este gira alrededor de una idea tan sencilla como explosiva. Hay sapos que una transición obliga a tragarse. Pero también existen otros que, por razones de memoria, ética y justicia, resultan imposibles de aceptar.
Rodríguez colocó en el centro de la discusión el nombre de Alejandro Betancourt, empresario que alcanzó notoriedad con Derwick Associates, cuando no llegaba ni a 30 años de edad, se acertó un contrato mil millonario contrato que durante la emergencia eléctrica venezolana del año 2009 y que quedó rodeado durante años de cuestionamientos relacionados con contratos públicos millonarios posteriores.
Ahora, según la reflexión de la periodista, Betancourt vuelve a aparecer en el escenario empresarial con distintos roles y conexiones como empresario, intermediario, asesor y puente de negocios.
Y aquí aparece la pregunta que sacude todo el tablero:
¿Cómo llegó nuevamente hasta allí y quiénes le facilitaron el camino?
Porque ninguna red de poder económico se construye sola. Detrás de cada contrato hay alguien que adjudica. Alguien firma. Alguien paga. Alguien asesora. Alguien conecta. Y muchas veces también hay quienes abren puertas dentro y fuera de Venezuela.
Una transición puede exigir acuerdos, concesiones y decisiones difíciles. Eso forma parte de la política. Pero una cosa es negociar para sacar a un país del desastre y otra muy distinta es pretender que los venezolanos olviden quiénes se beneficiaron del sistema que llevó al país hasta esta tragedia.
La advertencia de Gladys Rodríguez va mucho más allá de un nombre propio. Apunta directamente a lo que millones de venezolanos piensan, el riesgo inminente de que una eventual transición termine convirtiéndose en una gigantesca operación de borrón y cuenta nueva.
Y mientras algunos intenten presentar viejos protagonistas como nuevos salvadores, la pregunta seguirá flotando en el aire.
¿Quiénes están detrás de esas puertas que vuelven a abrirse?
Límites de una verdadera Transición
- Memoria histórica: No se debe borrar el pasado ni silenciar a las víctimas.
- Ética pública: Los valores de honestidad y respeto no deben sacrificarse.
- Justicia activa: La impunidad no puede ser el precio base de un acuerdo.
En Bitácora58 creemos que esa discusión apenas comienza. Porque si Venezuela quiere pasar la página, primero tendrá que leerla completa. Y esta historia todavía tiene demasiados nombres, demasiados contratos y demasiadas preguntas sin responder.
