El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró que su administración ha recuperado hasta diez veces el dinero invertido en la guerra contra Irán gracias a las operaciones y los recursos obtenidos en Venezuela. Una declaración que vuelve a colocar a Venezuela en el centro de los intereses económicos y geopolíticos de Washington, mientras miles de venezolanos enfrentan la incertidumbre migratoria y las políticas de deportación de Estados Unidos, y peor aun son enviados a países africanos.
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«Cualquier dinero que hemos gastado en Irán lo hemos recuperado con creces con lo que hicimos en Venezuela», afirmó Trump, quien también sostuvo que los beneficios obtenidos alcanzarían cientos de miles de millones de dólares y que la inversión estadounidense habría sido recuperada hasta diez veces.
Sus palabras generan interrogantes sobre el verdadero alcance de los intereses económicos detrás de la política de Washington hacia Venezuela. Mientras el mandatario presenta los recursos venezolanos como una fuente de compensación para los gastos militares estadounidenses, ciudadanos venezolanos continúan enfrentando medidas migratorias, detenciones inhumanas y deportaciones a terceros países.
La situación resulta especialmente preocupante por la política de deportaciones a terceros países. Un informe publicado por Human Rights Watch el 8 de octubre documentó que Estados Unidos había enviado a más de 500 personas a países africanos que no eran sus lugares de origen entre enero de 2025 y agosto de 2026.
El documento también reveló que Nigeria rechazó una solicitud estadounidense para recibir a 300 ciudadanos venezolanos. Además, identificó 16 casos de venezolanos cuyos procesos migratorios contemplaban Uganda como destino de deportación, aunque esto no significa que los 16 hayan sido trasladados efectivamente a ese país.
La organización denunció que algunas personas enviadas a África fueron detenidas arbitrariamente, sometidas a malos tratos y quedaron expuestas al riesgo de ser devueltas a territorios donde podían sufrir persecución o tortura.
Mientras Trump habla de los recursos venezolanos como una compensación diez veces superior al costo de una guerra internacional, que nada tiene que ver con venezuela, los ciudadanos venezolanos que emigraron buscando protección y mejores oportunidades se enfrentan a procedimientos migratorios que pueden terminar enviándolos a países con los que no tienen vínculos familiares, sociales ni nacionales.
¿Dónde queda la protección de los venezolanos?, ¿Cómo se explica que Venezuela sea presentada como una fuente de beneficios económicos para Estados Unidos mientras sus ciudadanos enfrentan políticas de expulsión que ponen en riesgo su seguridad y sus derechos?
La riqueza petrolera venezolana, los ingresos derivados de su explotación y los acuerdos económicos con Washington requieren transparencia y rendición de cuentas. Pero también es indispensable que la política migratoria estadounidense respete el debido proceso y las obligaciones internacionales de protección.
Ya basta que los venezolanos de bien sean tratados como una cifra, o generalizarlos como delincuentes, mientras el país que por siglos nos hizo creer que era el país de las libertades y la justicia.
