La decisión adoptada por la institución privada Colegio República de Venezuela, en Valera, estado Trujillo, de prohibir el ingreso de dispositivos móviles a sus estudiantes, debería convertirse en un modelo a seguir para otros planteles del país.
En tiempos donde el celular ha pasado de ser una herramienta a convertirse muchas veces en un distractor permanente, apostar por aulas libres de pantallas representa un paso firme hacia la recuperación de la atención, la disciplina y la convivencia estudiantil.
Desde el colegio argumentan que la medida busca fomentar un mejor ambiente de aprendizaje y fortalecer la interacción social entre los alumnos, una visión alineada con la necesidad de devolver protagonismo al intercambio humano dentro de las escuelas.
La iniciativa cobra mayor relevancia en una generación marcada por la hiperconexión digital, donde cada vez es más común ver estudiantes absortos en redes sociales, videojuegos o mensajería instantánea incluso durante los espacios académicos.
Diversos análisis y experiencias educativas han advertido que la presencia constante del celular puede afectar la concentración, reducir la participación y debilitar la convivencia entre compañeros, mientras que limitar su uso favorece el enfoque en las clases y el contacto interpersonal.
Por ello, más que una prohibición polémica, esta medida podría convertirse en una referencia para otros colegios venezolanos que busquen rescatar el valor de la educación presencial, el diálogo cara a cara y la formación integral de sus estudiantes.
