La Paragua, Ciudad Piar, San Francisco, Santa Bárbara y Guri forman parte del corazón del municipio Angostura, en Bolívar, una zona estratégica para el sistema eléctrico venezolano. Allí se encuentra Guri, una de las principales instalaciones hidroeléctricas del país, con una capacidad instalada de 10.235 megavatios.
Por: bitacora58.com
La paradoja resulta difícil de ignorar, en el territorio que alberga una de las mayores fuentes de generación eléctrica de Venezuela, sus comunidades denuncian apagones constantes y jornadas marcadas por la incertidumbre.
Si en el corazón hidroeléctrico del país la electricidad puede desaparecer una y otra vez durante el día, la pregunta resulta inevitable, ¿qué queda entonces para el resto de Venezuela?
Durante años, el sistema eléctrico venezolano ha enfrentado problemas de mantenimiento, deterioro de infraestructura, falta de inversión y deficiencias en la distribución. Guri puede generar enormes cantidades de energía, pero una red deteriorada y una infraestructura sin mantenimiento suficiente terminan convirtiendo esa capacidad en una promesa que no siempre llega de manera estable a los hogares.
Para los habitantes de Angostura, tener cerca una de las grandes fuentes de electricidad del país no significa necesariamente disfrutar de un servicio confiable. La paradoja es que la energía está al lado, pero la oscuridad también.
La crisis eléctrica no comenzó ayer y tampoco desaparecerá con discursos oficiales. Es consecuencia de años de abandono y de decisiones que dejaron al sistema cada vez más vulnerable.
El llamado “Rodrigato”, como algunos críticos denominan al actual esquema de poder, tampoco tiene una fórmula mágica para reparar en pocos meses lo que sus antecesores deterioraron durante años. Cambiar nombres no reconstruye turbinas, no recupera subestaciones y no sustituye el mantenimiento perdido.
Lo que ocurre en Angostura debería ser una señal de alarma para todo el país. Si el territorio que alberga a Guri enfrenta apagones recurrentes, la crisis eléctrica venezolana no puede ser tratada como un problema menor ni como una simple falla puntual.
Los habitantes tienen derecho a reclamar, protestar y exigir respuestas. Porque cuando la luz se va una vez, puede ser una falla. Cuando se convierte en rutina, es un problema estructural.
Protestar es exigir soluciones. Callar ante el deterioro de los servicios públicos solo permite que el problema continúe.
