El Banco Central de Venezuela ha dejado de actuar como una institución autónoma al servicio del país y se ha transformado en un instrumento político del poder. Lo que debería ser un organismo técnico, encargado de preservar la estabilidad monetaria, hoy responde a intereses partidistas que poco tienen que ver con el bienestar económico de los ciudadanos
El nombramiento de Luis Pérez no puede entenderse como una decisión basada en méritos profesionales o en la necesidad de fortalecer la política monetaria. Más bien refleja una nueva etapa en el control político de las instituciones, donde la lealtad al partido se impone sobre la competencia y la independencia
Colocar a una figura vinculada a la agitación política en una posición clave para resguardar la moneda genera una profunda desconfianza. Es una señal clara de que las prioridades no están en recuperar la credibilidad ni en estabilizar la economía, sino en consolidar el dominio del partido sobre todos los espacios de poder
El resultado de estas decisiones ya es evidente. El bolívar ha sido devastado tras años de malas políticas, pérdida de disciplina fiscal y manipulación institucional. Ahora, lejos de rectificar, se insiste en el mismo camino que ha llevado al colapso
Lo que queda de la institucionalidad económica enfrenta un riesgo aún mayor. La sensación es que no hay límites en este proceso de deterioro, y que cada nuevo movimiento apunta a profundizar una crisis que ya golpea con fuerza a la población
