El anuncio de Dinorah Figuera sobre el inicio de un diálogo con el chavismo, previsto para el próximo 1 de agosto y con el respaldo de Estados Unidos, abre una nueva etapa que genera expectativas, pero también profundas dudas entre los venezolanos que durante años han visto cómo las negociaciones terminan siendo utilizadas por el régimen para ganar tiempo, dividir a la oposición y prolongar su permanencia en el poder.
Figuera asegura que serán convocados «todos los sectores democráticos» y que el objetivo es avanzar hacia la reinstitucionalización y una transición electoral pacífica. Sin embargo, la historia reciente obliga a mantener los ojos bien abiertos. Venezuela ya ha vivido demasiados diálogos que comenzaron con grandes promesas y terminaron convertidos en una herramienta para que el chavismo respirara, se reorganizara y siguiera avanzando mientras la oposición perdía fuerza y credibilidad ante una ciudadanía cansada de esperar.
La advertencia es clara. Dinorah Figuera no puede equivocarse. No puede permitir que este proceso sea utilizado para hacerle el juego al régimen ni para convertirse, voluntaria o involuntariamente, en una pieza más de una estrategia destinada a ganar tiempo. Tampoco puede confundirse la paciencia con la ingenuidad ni el diálogo con un cheque en blanco.
Si Estados Unidos participa activamente en este proceso, como ha señalado Figuera, entonces la responsabilidad es todavía mayor. La comunidad internacional debe exigir resultados concretos, fechas, garantías y avances verificables. Venezuela no necesita otra mesa de conversaciones interminable. Necesita una ruta clara, firme y con consecuencias para quienes intenten burlarse nuevamente de las aspiraciones democráticas de los venezolanos.
El país está cansado de promesas. Está cansado de esperar. Está cansado de que cada nuevo diálogo sea presentado como la salida definitiva y termine convertido en otra oportunidad para que el régimen gane oxígeno.
Dinorah Figuera tiene ahora una enorme responsabilidad. Si realmente busca una transición democrática, deberá demostrarlo con hechos y no solo con declaraciones. Porque si este diálogo termina sirviendo para que el chavismo gane tiempo, la historia no juzgará únicamente a quienes han mantenido el poder durante años, sino también a quienes, desde la oposición, permitieron que el pueblo venezolano volviera a ser colocado en la sala de espera.
