La tragedia venezolana sumó este domingo otro capítulo que estremece hasta al más indiferente. Carmen Teresa Navas, madre del preso político Víctor Hugo Quero Navas, falleció apenas días después de que el régimen chavista admitiera que su hijo murió bajo custodia del Estado venezolano. Una verdad cruel que llegó demasiado tarde para una mujer que pasó meses recorriendo cárceles, tribunales y oficinas públicas en medio del abandono, la humillación y el silencio oficial.
La periodista Maryorin Méndez confirmó la noticia la noche del 17 de mayo y con ello terminó el viacrucis de una madre que se convirtió en símbolo del sufrimiento de miles de familias venezolanas destrozadas por el aparato represivo del chavismo.
Carmen Teresa Navas no murió solamente de enfermedad o de vejez. Murió consumida por el dolor, por la desesperación y por la impotencia de buscar a su hijo durante más de un año mientras el Estado le cerraba puertas, ocultaba información y jugaba con su esperanza. Venezuela ha llegado a un punto tan oscuro que una madre tuvo que enterarse casi diez meses después de que su hijo había muerto bajo custodia estatal y enterrado prácticamente en secreto.
El caso de Víctor Hugo Quero retrata el rostro más cruel de un país destruido por décadas de chavismo. Un hombre detenido en medio de la represión política, desaparecido por meses y luego reconocido oficialmente como fallecido mientras organismos públicos fingían no saber nada. La llamada revolución terminó convirtiendo a Venezuela en un territorio donde las madres envejecen haciendo colas frente a cárceles y morgues buscando señales de sus hijos.
Y mientras el país se hunde en dolor, quienes hoy manejan el poder desde el interinato político encabezado por Delcy Rodríguez continúan gobernando sobre ruinas humanas, económicas y morales. Lo que alguna vez fue una nación de oportunidades hoy es un cementerio de sueños rotos, familias separadas y presos políticos olvidados entre rejas. Cada historia como la de Carmen Navas deja una pregunta que golpea la conciencia nacional
¿cuántas madres más tienen que morir esperando justicia en Venezuela?
Porque detrás de cada cifra hay una vida destruida. Detrás de cada preso político hay una familia condenada al sufrimiento. Y detrás de cada silencio oficial hay un país entero que aprendió a convivir con el miedo, la censura y el dolor.
Carmen Teresa Navas se fue sin abrazar nuevamente a su hijo. Esa es quizá la imagen más devastadora de la Venezuela chavista. Una madre caminando sola entre cárceles y oficinas públicas mientras el Estado le negaba respuestas. Una anciana sosteniéndose apenas por la esperanza de volver a verlo con vida. Y finalmente una mujer quebrada por una verdad demasiado cruel para soportarla.
Venezuela no solo perdió a Carmen Navas. Perdió otra parte de su humanidad.
