La historia de una psicóloga venezolana dio un giro el pasado 9 de enero, cuando fue detenida durante una parada de tráfico y posteriormente quedó bajo custodia del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE).
Lila Romero tiene 47 años, es psicóloga y vive en Dallas (Texas). Su historia comienza cuando en 2024 llega a EEUU procedente de Venezuela con un visado de turista y comienza a tramitar su asilo.
Según su relato, todo comenzó cuando salió por error en un vehículo que no tenía la placa reglamentaria de su negocio familiar de venta de automóviles. La situación terminó con su ingreso al centro de detención Bluebonnet, en Anson, Texas, donde permaneció aproximadamente tres meses y medio, lejos de su hogar.
Tras vivir esa experiencia, la psicóloga decidió transformar el dolor y el encierro en una oportunidad para reorientar su carrera y ayudar a otras personas que atraviesan situaciones difíciles. En una entrevista con N+Univision, compartió cómo enfrentó esos meses y cómo logró convertir una etapa traumática en una experiencia de crecimiento personal y profesional.
Pregunta.¿Cómo viviste tu ingreso en el centro de detención?
Respuesta.Cuando llegué y empecé a hablar con las demás internas, vi que había gente allí que llevaba ocho meses sin una fecha de corte para un juicio. El centro era un galpón amplio. De mi experiencia, tampoco sentí que fuera una rutina de castigo; no hay lujos y las comidas son lo esperable: prácticamente nada fresco y muchos productos ultraprocesados.
Por ejemplo, había una mujer insulinodependiente y sí vi que le administraban tres veces al día la insulina, pero luego las comidas que recibía no eran aptas para ella.
P.En lo personal, ¿cómo encaraste la situación?
R.Me inventé un juego mental que fue pensar que yo estaba ahí trabajando. Y creo que nunca había trabajado tanto, la verdad. Ejercer desde un escritorio es muy distinto que desde una litera (ríe).
Una de las cosas que peor llevé fue la falta de privacidad. Piensa que duermes en un gran dormitorio y siempre estás rodeada de gente. Las mujeres me buscaban, me consultaban todo tipo de cuestiones y me pedían ayuda. Así es como me convertí en terapeuta y seguí el proceso de varias de las mujeres con las que conviví. El hecho de acompañarlas y darles terapia me sirvió porque me ayudaba a sobrellevar la rutina.
P.¿Qué diagnosticaste a las internas? ¿En qué situación estaban?
R.Lo que más había era somatización en diferentes grados. Estaban en un estado tan agudo de estrés que viví ataques de ansiedad, de pánico, insomnio, urticarias nerviosas en muchas de ellas.
Desde el principio me di cuenta de que había síntomas clínicos claros, muchos gastrointestinales, también en la piel, alergias… etc. Todo esto es psicosomático, estaban en tales niveles de estrés que detonaban. Y, justamente, asumí que mi función iba a ser que la consecuencia que tuviera al estar privada de libertad era ayudar a las demás y a mí misma, para que la experiencia no nos costase ni la salud ni el bienestar.
Con información de Univision
