Caracas, Venezuela. Siete meses después de los acontecimientos de aquel 3 de enero, el entusiasmo inicial de los venezolanos ante una posible transición democrática rápida, se ha transformado en frustración y escepticismo. El diario digital americano POLITICO lo detalla de la siguiente manera:
Frustración con el tutelaje económico de EE. UU.
«Después de enero, teníamos esperanzas, pero siete meses después todo se trata de negociaciones petroleras y nada más… Los diplomáticos estadounidenses están sentados exactamente con las mismas personas que mantienen como rehenes a nuestros seres queridos» Esta declaración resume el profundo desacuerdo de las víctimas de la represión por parte del inhumano régimen, perciben que el tutelaje de Washington abandonó el objetivo democrático para priorizar negocios energéticos.
El costo político de la estrategia de la Casa Blanca
«La gente esperaba que la partida de Maduro marcara el comienzo de una rápida transición democrática. No sucedió porque no fuera parte de los planes de Trump, pero eso tiene el precio de desacreditar a los líderes estadounidenses… pasó de ser el héroe de la historia a ser cada vez más cuestionada». La gestión de la Casa Blanca está erosionando la confianza política que Estados Unidos y Trump tenían ante la población venezolana. Sus acciones están quebrando la expectativa de una transición genuina. Washington antes se veía como el «neolibertador», ahora solo parece estar interesado en conveniencias geopolíticas.
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El colapso del Delcynismo
«El mal manejo del desastre ha destruido las calificaciones de Rodríguez. Aproximadamente el 90 por ciento de la población la rechaza ahora… Desde un punto de vista electoral, eso es irreversible». Esa última palabra (irreversible) que nos ha marcado como venezolanos hoy hace eco de la mal lograda gestión de Washington por sostener la legitimidad de Delcy Rodríguez frente a la ciudadanía. Su incapacidad para responder a las crisis en el país desplomó aún más su popularidad, llegando al 90% de rechazo. El hecho de que aún este al frente del manejo del país es una amenaza directa para el esperado cambio en Venezuela.
El otro 10% que presuntamente aprueba al «Rodriguizmo», de seguro se divide entre: funcionarios y personal público, enchufados y familiares con «cuotas de poder» y los «tres pelagatos» de izquierda que aún creen en una ideología que ha destruido su propio país.
Con información de POLITICO.
Redacción BITACORA58.
