Cada 5 de marzo, el chavismo vuelve a encender velas, lanzar consignas y repetir el mismo libreto para conmemorar la muerte de Hugo Chávez, fallecido en 2013 tras una larga batalla contra el cáncer.
Y como no recordar que «A las 4y25 de la tarde del 5 de marzo de 2013 ha fallecido el comandante presidente Hugo Chávez Frías». Con la voz entrecortada, Nicolás Maduro anunció en cadena nacional de radio y televisión lo que ya se sabía por ser un secreto a vox populi: El líder de la “revolución bolivariana” había muerto.

Pero en la calle muchos venezolanos se preguntan: ¿quiénes son realmente los que recuerdan al llamado “comandante eterno”? La respuesta es clara: el propio chavismo, ese grupo de enchufados que durante años ha ostentado el poder y que hoy sigue defendiendo a capa y espada una revolución que terminó revolucionando, sobre todo, sus propios bolsillos.

Mientras en actos oficiales y marchas organizadas por el partido de gobierno se habla de lealtad y legado, los mismos rostros de siempre —funcionarios, burócratas y testaferros— aparecen rindiendo tributo al líder que gobernó Venezuela entre 1999 y 2013.
Para ellos, Chávez sigue siendo un símbolo político; para muchos venezolanos de a pie, en cambio, su recuerdo está inevitablemente ligado a años de crisis, escasez y migración.

En el discurso oficial todo suena épico: que la revolución sigue viva, que el legado permanece y que el camino trazado por Chávez continúa.
Pero en la realidad del barrio, del mercado y del transporte público, la gente anda es resolviendo cómo sobrevivir al día a día. Porque mientras los enchufados celebran con tarimas y consignas, el pueblo sigue padeciendo las consecuencias de un país que lleva décadas golpeado.
Y es que muchos venezolanos sienten que esa llamada “revolución bolivariana” terminó siendo el negocio más rentable para una élite política que se llenó los bolsillos de dinero, mientras la mayoría apenas logra estirar el sueldo.
Por eso, cuando llega esta fecha, la conmemoración no se siente igual en todos lados: en los círculos del poder se habla de gloria y fidelidad; en la calle, más bien hay silencio, resignación o simple indiferencia.
Tras los acontecimientos políticos de este 3 de enero de 2026 —que sacudieron el tablero del poder en Venezuela— queda claro que reconstruir un país no es tarea de semanas ni de meses. Son casi tres décadas de deterioro institucional, económico y social que no se arreglan de la noche a la mañana.

Sin embargo, entre tanta incertidumbre, el venezolano de a pie sigue teniendo una esperanza muy sencilla: que el país empiece a mejorar poco a poco, que la economía encuentre estabilidad y que el dólar termine de consolidarse como referencia para frenar la locura de los precios. Porque al final, más allá de consignas, homenajes y discursos, lo que el venezolano quiere no es más revolución… sino vivir mejor.
Por: Bitacora58.com
