Óscar Morales López, de 56 años, vivió más de seis horas de angustia tras ser detenido en Caracas, en un episodio que vuelve a poner bajo la lupa la persecución contra quienes levantan su voz por los presos políticos y la libertad en Venezuela.
Por bitacora58.com
El activista relató que fue detenido este sábado 12 de septiembre, apenas un día después de participar en una movilización de familiares de presos políticos hacia el Palacio de Miraflores. Según su testimonio, funcionarios policiales lo esposaron, lo encapucharon y lo trasladaron durante varias horas entre distintas sedes, mientras permanecía sin saber con certeza hacia dónde lo llevaban.
Morales aseguró que los funcionarios le dijeron que su detención obedecía a una supuesta «orden superior» y que la relacionaron directamente con su participación en la movilización.
Durante los interrogatorios, relató que fue cuestionado sobre quién financiaba las actividades realizadas durante la marcha. Su explicación fue sencilla, pero contundente. Aseguró que había acudido a manifestarse pacíficamente y que se dedicaba a elaborar y repartir mensajes artesanales en respaldo a los presos políticos y a la libertad.
«Si voy a la marcha es porque quiero participar por la libertad de los presos políticos, la libertad de todo el pueblo, de nosotros, de todo el país», afirmó.
Un panfleto convertido en supuesto delito
Uno de los momentos más polémicos de su detención fue la apertura de un expediente por supuesto «porte ilícito de arma», acusación que posteriormente quedó sin efecto.
Morales negó haber llevado cualquier tipo de arma y sostuvo que los únicos materiales que tenía eran los mensajes artesanales que distribuía durante sus actividades.
Su indignación quedó resumida en una frase que refleja el absurdo que, según denunció, rodeó el procedimiento.
«Yo no sabía que marchar era un delito. Y que era un arma. Y que un panfleto era un arma».
Finalmente, un comisario le comunicó que sería puesto en libertad y que el expediente quedaría sin efecto. Antes de salir, recuperó sus llaves, su teléfono y sus lentes.
El activista pasó más de seis horas detenido, pero asegura que la experiencia no consiguió quebrar su voluntad de continuar denunciando la situación de los presos políticos y defendiendo la libertad en Venezuela.
«Miedo no tengo. Porque si hubiese tenido miedo, no lo hago», manifestó.
Morales incluso adelantó que buscará «otro medio» para continuar con su activismo.
Su detención se produjo después de una movilización que llevó a familiares de presos políticos hasta las inmediaciones de Miraflores. Lo ocurrido con Morales vuelve a generar preocupación entre quienes denuncian que en Venezuela la protesta pacífica puede terminar convertida en una experiencia de persecución, interrogatorios y detenciones.
Para el activista, sin embargo, el mensaje parece estar claro. No piensa guardar silencio.
En medio de un país marcado por denuncias de persecución política, su caso vuelve a poner sobre la mesa una pregunta de fondo que miles de venezolanos siguen enfrentando en las calles. Cuánto puede costar levantar la voz por la libertad.
