Mientras las calles de Mariara se hunden entre basura, abandono y servicios públicos colapsados, la alcaldesa Lesbia Castillo decidió convertir la gestión municipal en un espectáculo grotesco de perros calientes y “perreo” institucional. Rejas de por medio, cámaras encendidas y populismo barato para intentar disfrazar la miseria política que hoy consume al municipio Diego Ibarra, en el estado Carabobo.
Lo ocurrido no fue un acto de humildad ni cercanía con el pueblo. Fue una escena decadente que retrata hasta dónde ha caído la política venezolana bajo el chavismo y ahora bajo el interinato de Delcy Rodríguez, donde la improvisación, la vulgaridad y el show sustituyeron completamente a la gestión seria y responsable.
Mariara no necesita funcionarios jugando a ser influencers callejeros mientras el municipio se deteriora a pasos agigantados. La gente necesita agua, seguridad, calles transitables, hospitales dignos y oportunidades para sobrevivir en un país destruido tras más de dos décadas de revolución fracasada. Pero en lugar de soluciones, lo que reciben es un espectáculo chabacano que ofende la inteligencia y golpea aún más la dignidad de una población agotada.
La tragedia de Venezuela no solo se mide en cifras económicas o en millones de ciudadanos que huyeron del país. También se refleja en estas escenas donde autoridades convierten cargos públicos en plataformas de ridiculez mientras comunidades enteras sobreviven entre precariedad y desesperanza. Lo de Mariara es apenas otro síntoma de una degradación institucional que parece no tocar fondo.
Y quizás lo más doloroso es que muchos venezolanos ya comienzan a normalizar este nivel de indigencia política. Como si fuera aceptable que quienes deberían gobernar terminen compitiendo por aplausos fáciles mientras el país se cae a pedazos.
