La Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó este viernes 4 de septiembre una resolución que promueve el reemplazo progresivo del tradicional mapa mundial basado en la proyección de Mercator por modelos que representen con mayor fidelidad el tamaño real de los continentes. La iniciativa, impulsada por Togo, obtuvo el respaldo de 164 países, mientras Estados Unidos votó en contra y seis naciones se abstuvieron.
Por bitacora58.com
La decisión reabre un debate que durante décadas ha trascendido la cartografía: la manera en que los mapas pueden influir en la percepción que las sociedades tienen del mundo. La proyección de Mercator, creada en 1569 y ampliamente utilizada en libros, medios de comunicación, plataformas digitales y documentos oficiales, distorsiona progresivamente el tamaño de las regiones a medida que se acercan a los polos. Como consecuencia, territorios como África aparecen visualmente mucho más pequeños de lo que realmente son.
La resolución plantea favorecer alternativas como Equal Earth, una proyección desarrollada en 2018 que busca conservar de manera más proporcional las superficies de los continentes. El documento no prohíbe el uso de Mercator, pero exhorta a la ONU, sus agencias —incluida la Unesco—, los Estados miembros y otras organizaciones a considerar modelos que ofrezcan una representación más precisa de las dimensiones territoriales.
Durante la sesión, el ministro de Exteriores de Togo, Robert Dussey, defendió la iniciativa al considerar que los mapas no son simples instrumentos técnicos. Según argumentó, las representaciones cartográficas utilizadas durante generaciones han contribuido a crear una percepción distorsionada del planeta y, particularmente, a minimizar simbólicamente el tamaño de África frente a otras regiones.
Para Dussey, modificar la forma en que se representa el mundo también supone reconocer la importancia de una representación geográfica más equilibrada. Su argumento parte de una premisa que ha ganado fuerza en los debates sobre cartografía: los mapas no solo muestran territorios, también condicionan la manera en que las personas imaginan y comprenden el mundo.
Sin embargo, la resolución también evidenció diferencias políticas dentro de la Asamblea General. Estados Unidos fue el único país que votó en contra y cuestionó que Naciones Unidas dedicara esfuerzos a una cuestión cartográfica que, a su juicio, forma parte de un proyecto ideológico más amplio. La delegación estadounidense criticó además que se abordaran conceptos como reparación y “justicia cognitiva” en torno a mapas cuya utilización se remonta al siglo XIX y épocas anteriores.
Más allá de la disputa diplomática, la decisión de la ONU coloca nuevamente a la cartografía en el centro de una discusión global. El debate ya no se limita a determinar qué mapa resulta más útil para la navegación o la enseñanza, sino a decidir qué tan fiel debe ser la imagen con la que millones de personas aprenden a interpretar el planeta que habitan.
