La inesperada “jugada política” de Donald Trump terminó favoreciendo, indirectamente, a las futbolistas de la selección femenina de Selección femenina de fútbol de Irán, quienes terminaron recibiendo asilo en Australia.
Tras el endurecimiento de las sanciones y la presión internacional contra el régimen de Irán durante su mandato, varias deportistas denunciaron persecución y restricciones por parte de las autoridades iraníes.
Aprovechando un viaje deportivo fuera del país, algunas jugadoras solicitaron protección internacional alegando temor a represalias si regresaban.
El caso tomó fuerza mediática y terminó con el gobierno australiano otorgándoles refugio, en un episodio que mezcló deporte, política y la lucha de las mujeres contra el control del régimen iraní.
