Una celda de apenas dos metros por dos. Una cama de cemento. Una letrina. Y nada más.
Así transcurren sus días los presos políticos recluidos en El Rodeo I, la cárcel de Guatire que, tras el cierre definitivo del Helicoide, se ha convertido en uno de los principales centros de tortura y represión del régimen venezolano.
“El Rodeo I no ha dejado de ser el infierno que ha sido desde su inauguración”, denunció Andreína Baduel, integrante del Comité por la Libertad de los Presos Políticos, en entrevista con La Patilla.
Baduel no habla desde la distancia. Conoce de cerca el horror de las cárceles del régimen. Su padre, el general Raúl Isaías Baduel, murió bajo custodia del chavismo en 2021. Su hermano, Josnar, lleva seis años privado de libertad y arrastra graves secuelas de tortura, entre ellas una afección pulmonar crónica que requiere cuatro operaciones que, hasta ahora, nunca llegan.
El caso de los Baduel es apenas una muestra de una realidad mucho más amplia. Mientras el régimen de Nicolás Maduro y ahora el interinato de Delcy Rodríguez hablan de paz, diálogo y normalidad, detrás de los muros de las cárceles venezolanas cientos de presos políticos continúan enfrentando condiciones inhumanas, enfermedades sin tratamiento y un sistema diseñado para quebrarlos física y psicológicamente.
El Rodeo I no es simplemente una prisión. Para quienes están encerrados allí por razones políticas, se ha convertido en un símbolo de la maquinaria de persecución del chavismo. Cuatro paredes, una cama de cemento y una letrina bastan para describir el castigo impuesto a quienes el régimen considera enemigos.
En Venezuela, la tortura no terminó con el cierre del Helicoide. Simplemente cambió de dirección.
Y mientras los jerarcas del poder intentan vender al mundo una imagen de apertura y reconciliación, los presos políticos siguen pagando con su libertad, su salud y, en muchos casos, con sus vidas, el precio de enfrentarse a una estructura que convirtió la cárcel en un instrumento de venganza política.
El infierno sigue abierto. Solo que ahora tiene otro nombre: El Rodeo I.
