El imperio empresarial que hoy tiembla en silencio tras la caída de Maduro.
La captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores por fuerzas estadounidenses el pasado 3 de enero no solo sacudió el poder político venezolano. También abrió una grieta profunda dentro del mundo empresarial que durante años creció protegido por el antiguo modelo de poder.
Detrás de oficinas cerradas, reuniones discretas y rumores cada vez más insistentes, muchas marcas comienzan a enfrentar una realidad que pocos se atrevían a imaginar hace apenas meses. Entre ellas aparece FURIA Venezuela, una empresa que logró posicionarse con fuerza dentro del mercado juvenil a través de bebidas energéticas, deportes extremos, patrocinio de atletas y grandes eventos de acción.
Lo que antes parecía un proyecto en expansión permanente hoy está rodeado de preguntas.
En redes sociales y sectores comerciales de Caracas comenzaron a circular versiones sobre una presunta reducción de operaciones y posibles movimientos internos relacionados con sus oficinas en Cumbres de Curumo, una de las zonas más exclusivas de la capital venezolana. Hasta ahora no existe confirmación oficial sobre cierres o una quiebra, pero el silencio empresarial ha alimentado aún más las especulaciones.
Muchos recuerdan cómo durante años varias empresas lograron crecer bajo una economía marcada por privilegios, conexiones políticas y un sistema donde sobrevivir dependía muchas veces de cercanía con el poder. Ahora el tablero cambió de golpe y nadie parece tener claro quiénes lograrán mantenerse en pie.
La nueva Venezuela que intenta construirse tras la caída del chavismo avanza entre acuerdos energéticos, presencia extranjera y reacomodos económicos acelerados. Pero mientras algunos celebran una apertura, otros observan con preocupación cómo proyectos enteros comienzan a desmoronarse lejos de las cámaras.
Porque cuando cae un poder político tan grande, también se derrumban silenciosamente los ecosistemas que vivían a su alrededor.
Y quizás esa sea la verdadera pregunta que hoy recorre Caracas
Cuántas empresas estaban realmente preparadas para sobrevivir sin el viejo sistema que las sostuvo durante años.

