Estados Unidos volve a izar su bandera en su Embajada en la ciudad de Caracas, exactamente siete años después de haberla retirado en 2019.
Marcando un hecho simbólico que pone fin a uno de los periodos más tensos en la relación diplomática entre Washington y Venezuela.
El acto representa el retorno oficial de la presencia estadounidense en el país y el inicio de una nueva etapa política y diplomática tras años de ruptura, y más ahora que los Estados Unidos de Norteamérica mediante su secretario de la Guerra, Pete Hegseth, se va a sumar a hacer llamadas periódicas como las que Marco Rubio, jefe diplomático norteamericano, mantiene con Delcy Rodríguez, presidenta encargada de Venezuela. Esto va a reforzar por la vía militar la tutela de Washington sobre Caracas, que de este modo deja de ser solo política o diplomática y adquiere también un componente militar explícito.
Hegseth ya formaba parte del núcleo de altos cargos que seguían el expediente venezolano en la Casa Blanca, según avanzó la agencia Reuters, y su entrada en ese canal directo con Rodríguez apuntala la supervisión del Pentágono sobre un proceso en el que Estados Unidos no solo busca orientar decisiones de poder, sino también controlar su dimensión de seguridad y coerción.
El propio Hegseth adelantó su prioridad en América Latina en la cumbre de Miami que se celebró el pasado fin de semana. El secretario pidió a los países latinoamericanos que adopten una estrategia más agresiva contra los carteles de la droga y advirtió de que EE.UU. actuará por su cuenta si esos gobiernos no los combaten de forma eficaz.
Hegseth hizo esas declaraciones en el Mando Sur de EE.UU., en Miami, durante la primera «Conferencia de las Américas contra los cárteles», organizada por el propio Pentágono. En la reunión participaron representantes de más de una docena de gobiernos conservadores alineados con Trump, entre ellos Argentina, Honduras y República Dominicana.
