“Felicidad social”, empleos y mejores salarios: esa es la promesa de Delcy Rodríguez tras el polémico acuerdo petrolero alcanzado entre Venezuela y Estados Unidos.
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La presidenta encargada aseguró que el entendimiento permitirá darle un “gran impulso” al país y convertir las gigantescas reservas de petróleo venezolanas en beneficios para la población.
“Ese acuerdo es para que las reservas dejen de ser una cifra inerte, fría y se convierta en felicidad social y económica para el pueblo de Venezuela”, afirmó Rodríguez.
La promesa es más puestos de trabajo, mejores salarios y servicios públicos fortalecidos, según la propia mandataria.
“Esto que estamos haciendo es para el desarrollo del país pero, sobre todo, para atender a los venezolanos”, sostuvo.
Rodríguez insistió en que el petróleo debe dejar de ser simplemente una riqueza bajo tierra y convertirse en bienestar para los ciudadanos.
Pero mientras desde el poder se habla de “felicidad social”, los venezolanos esperan que esta vez el petróleo no vuelva a quedarse en discursos y promesas. Durante años, la riqueza petrolera fue presentada como la gran llave para sacar al país adelante, mientras la población enfrentaba inflación, bajos salarios, deterioro de los servicios públicos y una profunda crisis económica.
Ahora, el nuevo acuerdo con Washington abre una enorme expectativa: ¿será finalmente el petróleo la salvación económica que prometen o quedará nuevamente la riqueza venezolana atrapada entre anuncios oficiales y la realidad de la calle?
La respuesta no estará en las declaraciones de Rodríguez, sino en los resultados: empleos que realmente aparezcan, salarios que alcancen y servicios públicos que finalmente funcionen.
