Quién lo hubiera imaginado, el hombre que durante años ocupó la poderosa Fiscalía General de Venezuela, persiguiendo opositores, ofreciendo ruedas de prensa eternas y apareciendo en cadena nacional como el gran inquisidor del chavismo, ahora terminó convertido en animador cultural de liceo.
Sí, Tarek William Saab pasó de ostentar uno de los cargos más temidos del país a participar en un taller de identidad nacional junto a tambores de San Juan y charlas sobre afrovenezolanidad en el histórico liceo Fermín Toro de Caracas.
El exfiscal, hoy reciclado como jefe de la “Gran Misión Viva Venezuela, Mi Patria Querida”, encabezó una jornada cultural junto a funcionarios del Ministerio de Cultura, poetas, cultores y expertos en patrimonio, en una escena que muchos describen como el retiro espiritual más extraño de la política venezolana.
Atrás quedaron las acusaciones explosivas, los expedientes “contra conspiradores” y los anuncios dramáticos frente a micrófonos. Ahora Saab aparece promoviendo “la reserva moral necesaria para el rescate y salvación de un pueblo”, mientras estudiantes del Fermín Toro observaban cómo el antiguo zar judicial mutaba oficialmente en promotor de talleres culturales.
El evento contó con la participación de los viceministros Mary Pemjean e Inacio Barreto, además de figuras como Cósimo Mandrillo, Benito Irady y la cultora Luisa Pérez Madriz, “Luisin”, quienes hablaron sobre literatura, patrimonio y afrovenezolanidad. Todo culminó, porque claro que sí, con tambores de San Juan de Curiepe y alumnos bailando en plena actividad.
La imagen resulta difícil de procesar: el mismo funcionario que durante casi nueve años controló la Fiscalía General ahora dedica sus días a explicar el “gentilicio venezolano” y coordinar actividades folklóricas escolares.
En Venezuela el reciclaje político no tiene límites. Algunos terminan embajadores, otros asesores… y Tarek William Saab terminó convertido en una mezcla de poeta oficial, guía cultural y maestro de ceremonias patrióticas.
De perseguir expedientes a perseguir alumnos para que se sumen al tambor. Cosas del realismo mágico bolivariano.
