Un mensaje publicado en noviembre de 2017 vuelve a cobrar relevancia en medio de las negociaciones políticas sobre Venezuela. Mientras María Corina Machado cuestionaba la credibilidad del diálogo, Dinorah Figuera, (en aquel 2017) le respondía con reproches. Casi nueve años después, el debate sobre la utilidad de negociar con el poder vuelve a estar sobre la mesa.
Redacción BITÁCORA58.COM
En noviembre de 2017, cuando Venezuela atravesaba otra etapa de confrontación política, María Corina Machado lanzó una advertencia que hoy, en 2026, vuelve a generar interrogantes sobre el rumbo de las negociaciones con el chavismo.
«En el mismo lugar, las mismas personas, con la misma “agenda”. Pero dicen que “ahora sí el diálogo es en serio”. ¿En serio? Estos creen que somos pendejos», escribió Machado en una publicación difundida el 10 de noviembre de aquel año.
El mensaje expresaba su desconfianza frente a un nuevo intento de diálogo político. Para Machado, la repetición de los mismos actores y de una agenda que consideraba agotada no ofrecía razones suficientes para creer que esta vez se alcanzarían resultados diferentes.
La dirigente cuestionaba así una dinámica que, desde su perspectiva, corría el riesgo de convertirse en una nueva ronda de conversaciones sin garantías de cambios políticos reales.
La respuesta de Dinorah Figuera
La publicación provocó una respuesta de Dinorah Figuera, quien el 11 de noviembre de 2017 le reprochó a Machado su posición frente a las negociaciones.
«¿Hasta cuándo ud ofrece una salida a expensas del sacrificio de otros? ¡Basta de querer hacer políticas mal poniendo a los demás!», escribió Figuera, según la captura de las publicaciones difundida en redes sociales.
El intercambio dejó expuestas dos posiciones distintas dentro de la oposición venezolana: por un lado, la desconfianza frente a las negociaciones con el oficialismo y, por el otro, los cuestionamientos a quienes rechazaban esa vía o advertían sobre sus posibles consecuencias.
Visto desde el presente, el tono de aquella respuesta puede interpretarse como un reproche a Machado por su postura, mientras que la dirigente insistía en poner en duda la seriedad del proceso político en marcha. La discusión no era solamente sobre participar o no en una mesa de negociación, sino sobre qué garantías existían para evitar que el diálogo terminara favoreciendo la continuidad del poder.
2026: vuelve el debate sobre la utilidad del diálogo
En 2026, el escenario venezolano vuelve a estar marcado por negociaciones políticas y discusiones sobre la participación de los distintos sectores de la oposición. En ese contexto, el intercambio de 2017 recupera actualidad y plantea una pregunta fundamental: ¿qué ha cambiado realmente para que los venezolanos deban confiar nuevamente en una negociación?
La comparación entre ambos momentos no significa que las circunstancias sean idénticas. Sin embargo, sí permite observar la persistencia de una discusión que ha dividido a la oposición durante años: si negociar con el poder puede abrir una ruta efectiva hacia una transición política o si, sin condiciones verificables y garantías concretas, termina prolongando el mismo conflicto.
La experiencia de anteriores procesos de diálogo alimenta las dudas de quienes exigen resultados antes de conceder credibilidad a nuevos compromisos. Al mismo tiempo, los defensores de la negociación sostienen que el entendimiento político puede ser una herramienta necesaria para alcanzar acuerdos y evitar mayores costos para la población.
La diferencia fundamental está en los resultados: compromisos verificables, garantías para la participación política, respeto a los derechos ciudadanos y avances institucionales que puedan comprobarse.
Una advertencia que sigue interpelando a la oposición
La publicación de Machado en 2017 no demuestra, por sí sola, que toda negociación esté condenada al fracaso. Pero sí evidencia que, desde entonces, existían voces opositoras que cuestionaban la repetición de fórmulas políticas sin garantías suficientes de éxito.
La respuesta de Figuera también forma parte de ese registro y permite recordar que las diferencias sobre cómo enfrentar al chavismo no son nuevas. Las tensiones entre quienes privilegian la negociación y quienes desconfían de ella llevan años marcando el debate opositor.
Casi nueve años después, la pregunta continúa vigente: ¿se está ante una oportunidad real de producir cambios o frente a otra ronda de conversaciones cuyos resultados todavía deben demostrarse?
Para una ciudadanía que ha vivido años de crisis política, promesas incumplidas y confrontación, la credibilidad de cualquier negociación no puede depender únicamente de los discursos de sus participantes. Debe medirse por sus resultados concretos.
En política, repetir una mesa de diálogo no garantiza un desenlace diferente. La verdadera prueba está en lo que se consigue y en las garantías que quedan para el país.

