En tiempos donde muchas playas venezolanas enfrentan problemas de desorden, basura y contaminación sonora, la playa de Cuyagua, en el estado Aragua, parece marcar distancia con una fórmula tan polémica como efectiva, organización comunitaria, normas claras y un mensaje contundente para quienes pretendan alterar la convivencia. “El que robe será coñaziao”, advierte uno de los letreros que recibe a quienes ingresan al lugar, dejando claro que allí el respeto y el orden no son negociables.
La experiencia comienza desde el acceso, al entrar, cada visitante cancela cinco dólares, recibe un ticket y una bolsa destinada a la recolección de basura. A lo largo de toda la playa abundan los mensajes de conciencia ambiental, “Llévate la basura”, “Recoge las chapas” y advertencias sobre cómo las colillas de cigarro contaminan el entorno. Más allá de la crudeza de algunas advertencias, lo que se percibe es una comunidad organizada, decidida a preservar el espacio y evitar el deterioro que afecta a otros destinos costeros del país.
Uno de los elementos que más llama la atención es la ausencia de caos sonoro. En Cuyagua no hay estruendos musicales ni la típica “guerra de minitecas” que suele convertir otras playas en escenarios de contaminación acústica, que hemos visto en los estados Falcón y Anzoategui.
Predomina, en cambio, un ambiente de mayor tranquilidad, donde el sonido del mar parece imponerse sobre los parlantes y el desorden.
El oleaje, sin embargo, exige prudencia. Sus aguas presentan una fuerza considerable, ideal para quienes practican surf, pero quienes deseen bañarse deben hacerlo con especial precaución, sobre todo en la orilla. La combinación de naturaleza, normas estrictas y sentido comunitario convierte a Puyagua en un caso que, para muchos, podría servir de modelo sobre cómo recuperar espacios públicos desde la organización ciudadana.
Esta fue la experiencia de la cuenta en tik tok llamada vijandoporvenezuela.
