El teniente de fragata venezolano Ángel Barrios Fuenmayor se ha convertido en uno de los rostros más silenciados de la represión militar en Venezuela. Detenido el 23 de octubre de 2019 por la DGCIM mientras cumplía funciones en Guardacostas Vargas, su caso ha sido envuelto en opacidad, irregularidades y denuncias constantes de violaciones a sus derechos fundamentales. Hoy permanece recluido en Ramo Verde, lejos de su familia y sin garantías de justicia.
Barrios fue vinculado a la llamada “operación Jaque Mate”, una supuesta conspiración que el poder utilizó para justificar una ola de persecución dentro de la Fuerza Armada. Sin embargo, distintas denuncias sostienen que su verdadero “delito” fue negarse a participar en actos de corrupción y señalar irregularidades dentro de la institución. Esa decisión lo convirtió, de oficial activo, en objetivo del aparato represivo del chavismo.
Más de 2.200 días después, su historia es la de un abandono sistemático: aislamiento, deterioro físico y psicológico, y una familia fracturada por el exilio y las amenazas. Organizaciones y activistas han advertido que su salud se ha visto comprometida y que ha sido sometido a tratos crueles, mientras su madre clama justicia desde el extranjero, separada de su hijo por la persecución política.
El caso de Ángel Barrios Fuenmayor no es un hecho aislado, sino el reflejo de un patrón: militares convertidos en presos políticos por no alinearse con el poder. Su nombre, sin embargo, ha sido relegado al olvido mediático, enterrado bajo el silencio oficial. Pero su historia sigue siendo una deuda pendiente con la justicia, y un recordatorio incómodo de lo que ocurre cuando la lealtad a principios democráticos se paga con prisión.
Desde entonces ha sufrido torturas, aislamiento y negación de atención médica en la DGCIM y en Ramo Verde. Su familia fue destruida por la persecución.
Su madre, Edircia Fuenmayor, tuvo que huir a Chile tras amenazas directas del régimen. Hoy vive en el exilio, separada de su único hijo, luchando cada día por salvarle la vida desde la distancia.
Ángel está completamente solo en Venezuela, sin apoyo familiar, sobrevivido únicamente por su fortaleza y por quienes denuncian su caso.
Condenado a más de 20 años sin pruebas reales, Ángel es uno de los cientos de militares y civiles encarcelados por motivos políticos en el país. Su salud física y mental está gravemente deteriorada. Activistas y organizaciones de DDHH exigen su liberación. La separación forzada entre una madre exiliada y un hijo torturado es una herida abierta que clama justicia. Ángel Barrios debe volver a abrazar a su madre.
