En la arquitectura del chavismo, Saab nunca fue un empresario cualquiera. Para fiscales estadounidenses y organismos de inteligencia, era el operador financiero que conectaba negocios, sanciones, importaciones, oro, petróleo y estructuras internacionales de lavado con el círculo íntimo de Nicolás Maduro.
Por eso, en expedientes y litigios de EE.UU., su nombre aparece orbitando junto a Nicolás Maduro, Vladimir Padrino López, Néstor Reverol, Diosdado Cabello, Cilia Flores, Minerven, las FARC-EP, la Segunda Marquetalia y el Cartel de los Soles.
Esa no es una lista improvisada. Es un mapa de poder.
Militares. Operadores políticos. Redes financieras. Oro ilegal. Narcotráfico. Protección estatal. Grupos armados. Todo conectado por una misma lógica: mantener flujo de dinero, control territorial y supervivencia política.
Los casos de narco-terrorismo no se limitan a cargamentos de cocaína. El verdadero corazón de esas investigaciones suele ser financiero: cómo se mueve el dinero, quién crea las empresas pantalla, quién lava capitales, quién protege las operaciones y cómo esas economías clandestinas terminan financiando estructuras de poder.
Y allí es donde Alex Saab se vuelve clave.
Porque Saab habría sido, según las acusaciones de Washington, uno de los hombres que entendía dónde estaba el dinero, cómo salía de Venezuela, quién cobraba, quién protegía y qué rutas financieras utilizaba el chavismo para sobrevivir bajo sanciones.
Por eso su deportación cambia el tablero.
Durante años, el chavismo convirtió a Saab en símbolo político. Lo presentaron como “diplomático”, “enviado especial” y víctima de persecución internacional. Movieron recursos diplomáticos para defenderlo tras su captura en Cabo Verde en 2020. Maduro incluso lo incorporó formalmente al gobierno después del intercambio de prisioneros de 2023.
Pero ahora ocurrió algo mucho más importante que su captura original: el propio aparato chavista terminó entregándolo.
La deportación ejecutada bajo el gobierno encabezado por Delcy Rodríguez representa una fractura política enorme.
Porque Saab no era un funcionario cualquiera. Era un hombre del núcleo financiero del régimen. Uno de los pocos con acceso simultáneo al dinero, las operaciones internacionales y las relaciones personales del poder.
Y eso alimenta la narrativa de “traición” que hoy circula incluso entre sectores chavistas y exaliados del régimen.
La pregunta ya no es solamente qué sabe Saab.
La pregunta es por qué Delcy Rodríguez decidió entregarlo.
Algunas versiones apuntan a presiones directas de Washington, amenazas de nuevas acusaciones y negociaciones para garantizar supervivencia política dentro de una transición caótica tras la caída de Maduro.
Otras interpretaciones ven la deportación como un sacrificio calculado: entregar operadores financieros para intentar salvar partes del sistema.
Pero dentro del imaginario chavista, el golpe simbólico es devastador.
Y en estructuras de poder como estas, las traiciones importan más que los discursos.
Porque cuando el círculo empieza a entregar a sus propios operadores financieros, significa que el sistema ya no está funcionando bajo lealtad ideológica, sino bajo instinto de supervivencia.
«Delcy los liquidó a los tres», publicó el reconocido periodista Emmanuel Rincón, y con toda la razón.
Por Bitacora58.Com
