En medio de crecientes preguntas sobre el uso de recursos públicos, la gestión de la Alcaldía de Chacao vuelve a colocarse bajo la lupa. Diversas voces han comenzado a señalar la necesidad de mayor claridad en torno a los llamados “gastos de representación”, un concepto que, aunque legal, suele prestarse a interpretaciones amplias y poco transparentes si no se detalla su ejecución.
El nombre del alcalde Gustavo Duque aparece inevitablemente en el centro de este debate, mientras ciudadanos y analistas insisten en que cualquier erogación diaria bajo esta figura debe ser explicada con precisión. No se trata solo de cifras en un presupuesto, sino de la confianza pública que se pone en juego cada vez que se percibe opacidad en el manejo de fondos.
En paralelo, también han surgido comentarios en torno a reuniones de trabajo realizadas en zonas exclusivas como Las Mercedes, incluyendo espacios reconocidos como Cima Restaurante – Tasca.
Aunque sostener encuentros en este tipo de lugares no constituye en sí mismo una irregularidad, la falta de información detallada sobre los objetivos, participantes y resultados de dichas reuniones alimenta la sospecha y el malestar.
En este contexto, nombres como el de Eglée González Lobato han sido mencionados en discusiones públicas, lo que refuerza la exigencia de que cualquier vínculo contractual o asignación de recursos sea debidamente documentado y accesible para la ciudadanía. La rendición de cuentas no debería ser opcional ni reactiva, sino una práctica constante que despeje dudas antes de que se conviertan en escándalo.
Al final, más allá de rumores o versiones encontradas, lo que está en juego es la transparencia institucional. Cuando el silencio o la ambigüedad ocupan el lugar de las explicaciones claras, el terreno queda abonado para la desconfianza. Y en política, pocas cosas resultan tan costosas como perder la credibilidad ante quienes exigen respuestas.
