Una explosiva denuncia realizada por el alcalde de El Callao, Coromoto Lugo, vuelve a poner bajo la lupa el multimillonario negocio del oro en el estado Bolívar. Según sus declaraciones, detrás de buena parte de la explotación minera no solo estarían figuras vinculadas al poder político, sino también artistas relacionados con el gobierno nacional y presuntos testaferros que operarían las plantas recuperadoras de oro.
Lugo aseguró que las riquezas que salen de las entrañas de El Callao no se traducen en bienestar para sus habitantes. Por el contrario, denunció que quienes controlan el negocio serían personas cercanas al poder, mientras la población sigue enfrentando carencias y el deterioro de actividades económicas tradicionales.
Una de las revelaciones más preocupantes tiene que ver con la desaparición de la histórica joyería artesanal que durante décadas dio identidad y sustento a cientos de familias callaoenses. Aquellos talleres donde se fabricaban cadenas, anillos y prendas de oro que atraían compradores de todo el país prácticamente desaparecieron. Lo que antes era trabajo honesto y tradición hoy parece haber sido desplazado por un modelo donde el oro sale en cantidades gigantescas, pero deja muy poco para la gente común.
El alcalde afirmó que actualmente existen alrededor de 380 establecimientos dedicados a la compra de oro y que la mayoría pertenece a ciudadanos arabes. Según su denuncia, una situación similar ocurre con numerosos comercios de alimentos son de ciudadanos chinos.
La cifra que más impacta es la relacionada con la producción aurífera. Lugo sostuvo que en El Callao se generan mensualmente unos 5.000 kilos de oro, equivalentes a cerca del 70 por ciento de toda la producción nacional. Una riqueza monumental que contrasta con la realidad cotidiana de muchos habitantes que continúan enfrentando dificultades económicas y servicios públicos deficientes. Además, el propio alcalde ha denunciado anteriormente que la minería no ha significado desarrollo proporcional para las comunidades locales.
La gran pregunta que resuena en las calles de El Callao es sencilla pero dolorosa. Si de esta tierra sale una de las mayores riquezas de Venezuela, ¿por qué tantos habitantes siguen viviendo entre necesidades y promesas incumplidas?
El oro debería representar progreso, oportunidades y bienestar colectivo. Sin embargo, cuando las denuncias apuntan a redes de poder, testaferros y grupos privilegiados que concentran las ganancias, la riqueza termina convirtiéndose en una amarga paradoja. Mientras toneladas de oro abandonan la región cada mes, muchos habitantes sienten que lo único que permanece es el abandono de un pueblo que alguna vez brilló por el trabajo de sus artesanos y hoy observa cómo su riqueza parece escapar entre las manos.
