El ají margariteño, uno de los productos más representativos de la gastronomía de la Isla de Margarita, alcanzó un nuevo hito en la protección de su identidad y tradición: este 27 de agosto obtuvo el certificado final de Indicación Geográfica Protegida (IGP), reconocimiento que distingue sus características únicas y lo vincula oficialmente con su territorio de origen.
Muy aromático y gustoso, el ají margariteño posee notas diferenciadoras que lo distinguen de otros ajíes. Se trata de un cultivo autóctono de ocho municipios de la Isla de Margarita, cuya presencia en la región se remonta al menos 470 años, de acuerdo con el primer registro histórico existente.
El reconocimiento comenzó a tomar forma institucional en 2024, cuando el Servicio Autónomo de Protección Intelectual (SAPI) concedió el trámite inicial de IGP. Sin embargo, todavía quedaban varios pasos para completar el proceso y obtener la certificación definitiva, alcanzada finalmente el 27 de agosto.
La lucha por preservar y reconocer este producto insular comenzó mucho antes. En 2012, la Asociación Civil Margarita Gastronómica inició un trabajo de promoción y documentación del ají margariteño, impulsando actividades como sesiones fotográficas, cenas temáticas, recolección de firmas y los primeros contactos con autoridades para avanzar hacia su reconocimiento.
El SAPI es la autoridad venezolana encargada de otorgar las Indicaciones Geográficas Protegidas, luego de verificar las características exclusivas de un producto, tanto desde el punto de vista organoléptico como por su área de cultivo y sus métodos de producción. La certificación también funciona como un mecanismo de protección frente al uso indebido de su denominación.
El ají margariteño forma parte del acervo gastronómico de Margarita. Es fundamental en los sofritos tradicionales y protagonista de numerosos platos de la cocina insular, donde su aroma, sabor y características particulares se han convertido en parte de la identidad culinaria de la región.
Con la nueva certificación, la denominación queda estrechamente ligada a su territorio: para ser considerado auténticamente margariteño, el ají debe ser sembrado y producido en la Isla de Margarita. Un producto cultivado fuera de la isla podrá comercializarse como “tipo margariteño”, pero no podrá utilizar legítimamente la denominación “margariteño” a secas.
La IGP representa así no solo un reconocimiento para un cultivo tradicional, sino también una herramienta para proteger el patrimonio gastronómico de Margarita, respaldar a sus productores y preservar una tradición agrícola que forma parte de la historia de la isla desde hace siglos.
